¡Qué noche de lluvia y frío! Yo, calentita en mi cama, con una calefacción central que obliga a apagar radiadores y abrir alguna ventana, pienso, como cada noche antes de dormirme, en mi lobo, en pleno bosque, con la que está cayendo y... con lo que se avecina. Claro que... es su mundo, como éste es el mío. Menos mal que tenemos, en el cuento, un punto de encuentro que yo espero y deseo no perdamos nunca. Lobo, no debía de quererte y... sin embargo, te quiero.
Amiga Caperucita:
Piensas muy bien, pero no abras demasiado las ventanas porque los lobos de asfalto suelen ser buenos escaladores. Nosotros, los humildes, los de bosque, vamos de buena fe; pasamos, como muy bien dices, frío, mucho frío; tu lobo también, aunque él anda con una buena bufanda seguramente tejida por ti. Con este tiempo no se la quita. Ahora se dedica a desfacer entuertos junto a Lobi, ¿recuerdas...? aquel que salvó a Benito en la noche más triste que pasar se puede del envite de otros ... (ver texto completo)
Piensas muy bien, pero no abras demasiado las ventanas porque los lobos de asfalto suelen ser buenos escaladores. Nosotros, los humildes, los de bosque, vamos de buena fe; pasamos, como muy bien dices, frío, mucho frío; tu lobo también, aunque él anda con una buena bufanda seguramente tejida por ti. Con este tiempo no se la quita. Ahora se dedica a desfacer entuertos junto a Lobi, ¿recuerdas...? aquel que salvó a Benito en la noche más triste que pasar se puede del envite de otros ... (ver texto completo)