Estos pueblitos de
montaña son muy bonitos, pero tienen muy pocos recursos para vivir y están casi deshabitados. Los que hemos nacido en ellos volvemos siempre que nos es posible porque la tierra donde nacemos tira mucho, aunque no nos pertenezca ni la de donde nacemos ni la de donde morimos, tendemos a hacerla nuestra.
Cuando yo era niña estaban muy habitados. La gente se quería mucho, eran todos como una gran
familia. Se ayudaba entre sí, vivían en gran armonía y con esos principios hemos crecido.
Me
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