Corría la primera ronda de la Vecera de la Braña. El sol se ponía, atardecía, y un "mozo" de unos quince años, osea yo, mete las jatas y las novillas, no recuerdo si había alguna "machorra" para el corral, y tranca el cancillón. Cumplía las indicaciones que mi madre me había dando antes de salir casa al alba. Previamente, había atado el caballo por una pata delantera con una cadena larga a un espino que había por la parte de abajo del corral. "No sea que se venga por la noche y tengas que venir andando ... (ver texto completo)