Publicado el 1 de noviembre de 2013 por Emilio G. de la Calzada
Si no era verano, cuando oscurecía en Vegarienza había que estar recogido al calor de la cocina de leña para cenar y rezar el Rosario. Cuando el abuelo no estaba por contar alguna historia, el tiempo que iba desde los rezos hasta la hora de ir a la cama había que llenarlo con la lectura de cualquier cosa que tuviéramos a mano, que no solía ser mucho. A los ocho o nueve años me dejé los ojos, por la escasa luz de la bombilla o del ... (ver texto completo)
Si no era verano, cuando oscurecía en Vegarienza había que estar recogido al calor de la cocina de leña para cenar y rezar el Rosario. Cuando el abuelo no estaba por contar alguna historia, el tiempo que iba desde los rezos hasta la hora de ir a la cama había que llenarlo con la lectura de cualquier cosa que tuviéramos a mano, que no solía ser mucho. A los ocho o nueve años me dejé los ojos, por la escasa luz de la bombilla o del ... (ver texto completo)