Por encima del
camino de las Peñas de Arriba que había sido esculpido por los azadones en las hacenderas comunitarias, por las ruedas de hierro de los
carros de
Folloso y los animales de otros
pueblos que en la otoñada desfilaban hacia la
feria del
Castillo para ser cambiados por unas perras para el sustento durante el ínvieno. Al abrigo de las paredes de Los
Huertos que en otras épocas habían sido vivienda y ahora sólo mostraban las
piedras libremente asentadas y las rendijas dejadas por el barro
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