Tuve la suerte y la dicha de conocerle muy bién en los veranos de El Castillo. Era una delicia auténtica coversar con él, extraordinariamente simpático, irónico y de gran sencillez. Disfrutaba cómo nadie de la belleza de Omaña y del encanto de las ruinas del alcázar, al que miraba siempre con gesto enamorado. Explicaba las cosas tan pausadamente y con tanto acierto y detalle que las asimilabas a la perfección. Escucharle era un grandísimo placer. Vaya desde aquí mi más reconocido y sentido homenaje ... (ver texto completo)
Que suerte tambien para él conocerte a tí. Por lo que nos cuentas teniais muchas cosas en común.