MANZANEDA DE OMAÑA: En el siglo XV, el padre del Primer Conde de Luna amplió...

En el siglo XV, el padre del Primer Conde de Luna amplió esta construcción y la reforzó para hacer de ella una verdadera fortaleza, residencia ocasional y, ante todo, estación de control sobre la ruta omañesa hacia Leitariegos. Como es bien sabido, los Quiñones se enseñorearon durante mucho tiempo de los valles del noroeste leonés, de sus puertos ganaderos y de las vías de paso hacia Asturias.

La leyenda del Castillo de Benal -historia, tradición, mito, invención- es, no obstante, muy anterior a los Quiñones o al Condado de Luna.
Frente a la fortaleza, por la ribera sur del Omaña, sobre una extensión de 1000 metros de longitud por 300 de anchura, hay una escombrera originada por las labores que la gente de los castros hizo aquí, en busca de polvo de oro, bajo la férula de unos funcionarios imperiales que ni siquiera tuvieron el detalle de inscribirlos en el convenio de la minería. (O sea, como ahora ocurre más allá del Puerto de La Magdalena). Basta con subir unos cien metros por la carretera de La Lomba y observar desde allí para ver la panorámica que muestra unas de las fotografías colocada más adelante.

El caso es que, a finales del siglo XIX, el agustino Tirso López, natural de Cornombre y uno de tantos intelectuales omañeses aficionados en aquel tiempo a la historia y la arqueología, creyó haber descubierto aquí los vestigios de la ciudad pre-romana a la que Tito Livio se refiere en su Libro X, Década IV. Fray Tirso envió un informe a don Aureliano Fernández-Guerra, catedrático de la Universidad de Granada y reputado investigador y arqueólogo. En la misiva decía: “... supe que estaba usted preparando un mapa de la antigua Galicia y no dudo lo llevará a efecto, resucitando, como suele hacerlo, todas las ciudades y caminos romanos. Y porque supongo que incluirá el país de los antiguos Astures, me decido a hacerle una indicación no como quien da lecciones –líbreme Dios de tal presunción- sino porque “non omnia possumus omnes". He notado en todos los mapas que pude haber a la mano que en ninguno de ellos se hace mención de una ciudad que hubo cerca del río Órbigo y debe figurar entre las antiguas célticas o entre las romanas. El sitio de esta ciudad y sus restos, que no otra cosa queda de ella, se halla en la margen derecha del río Órbigo, en la comarca que llaman Omaña. En una larga y espaciosa llanura que pertenece a los pueblos de Vega y Santibáñez de Arienza, se descubren los indicados restos que consisten en montecitos de piedras... No parece improbable que ésta sea la antigua Urbicua de que habla Tito Livio... El sitio donde está hoy se llama La Puebla... Entre el caserío y la sierra, hay tres zanjas anchas, profundas y paralelas. Más al norte se descubren varios órdenes de cimientos y escombros de casas pequeñas y bien ordenadas... En un montecito de roca bañado por los dos ríos y como formado por Dios a propósito, hay un castillo sin duda alguna de la época de los romanos, aunque por dentro tiene obras de época muy posterior.... El grandioso castillo mencionado, que según algunos se comunicaba por debajo del río con la ciudad, da a entender que aquello sirvió de punto estratégico... Dan más fuerza a esta opinión los restos de minas explotadas en aquellas comarcas... Existen poderosas razones para creerla o fuerte ciudad de los antiguos habitantes o más bien la Legio Super Urbicum que los romanos colocaron allí.
Al norte de la población y a la margen izquierda del río se han descubierto algunos sepulcros. Últimamente, al trabajar en la explanación de la carretera a Laceana, en la margen dicha y al occidente del río que bajando de Santibáñez baña el castillo, descubrieron una habitacioncita abovedada, oculta toda bajo tierra... Cierto joven que la vio me dice que había algunas figuras en varias piedras.
Sólo desearía pudiese serle en algo útil con estas mal trazadas líneas su afectísimo S. S. y Capellán Q. B. S. M. Fray Tirso López, Agustino.