La colada.
Después de todo lo anterior, una vez listo el bronce en el horno, se procede a colar, es decir, a verterlo en los moldes. Hoy en día el vertido se realiza individualmente, molde a molde, a diferencia de las antiguas fundiciones en las que se disponían comunicando todos los moldes unos canales por los que la colada se deslizaba y se repartía -in rivulos ignitos- como rezaba el ritual; pero, pese a su belleza, este procedimiento contaba con una serie de desafortunados inconvenientes.
La colada a través de la mazarota comienza a penetrar en el molde haciendo que el bronce ocupe en todo su espesor el espacio de la falsa campana.
Es éste el momento cumbre de la fundición -grandioso y casi trágico-, lo definen los hermanos Paccard, el instante en que la masa informe de bronce adquiere por primera vez, y quién sabe si por siglos, la forma de campana.
Pero el trabajo aún no ha terminado, tras la colada la campana recién fundida pasará en el molde unos días de reposo dentro del foso, hasta que el metal se haya enfriado completamente. Pasados estos días se procede a sacar la tierra que formaba el tapiado y se comienza a desembestir todos los moldes, es decir, a romper la capa que cubría la campana dejándola libre al exterior. En este momento será extraída del foso y colocada en la zona donde se iniciará la última fase de su elaboración: el "desbarbado", durante el cual se limpia eliminando las posibles rebabas y pulimentando la pieza por medio de cepillos (de alambre), tela y pasta de pulir.
Tras estos retoques la campana está terminada. Ahora podrán apreciarse claramente las inscripciones que anteriormente se habían adosado a la camisa y que como ya vimos incluían el año de fundición y el sello de la casa Quintana además de las que el cliente haya podido encargar para caso concreto.
- El trazado de las campanas fundidas por Ouintana es preferentemente el denominado "campana esquilón" del tipo "A". Este trazado y a juicio de esta fundición es el más lógico y racional por su forma más esbelta y su sonido grave sin llegar a la estridencia metálica de las campanas demasiado gruesas. Su perfil consta de las siguientes partes: "coronilla", "vuelta de hombros", "vaso", "planta" y "diente". Existen las campanas denominadas "romanas" con trazados "B" y "C" de forma menos esbelta que la campana "esquilón". Es más ancha en "vuelta de hombros" y corta en las siguientes partes. Campana exclusiva de la zona castellano-leonesa.
Entre la producción de esta fundición destacan las campanas de los monasterios de Poblet y Guadalupe, siendo la mayor de todas la del Monasterio de Sobrado, en la provincia de La Coruña, fundida en 1958, con un peso de 3.500 Kgs. y que por sus condiciones el sonido alcanza un radio de 30 Kms.
-En cuanto a la tonalidad, las campanas permiten obtener con precisión cualquier nota musical prevista de antemano, partiendo para cada caso de una estructura determinada en función de leyes invariables.
Es preciso tener en cuenta que una vez fundida, la campana no admite modificaciones en su sonido y si no da la nota deseada no resta otro recurso de afinación que volver a fundirla. (Se han dado casos en que mediante un rebajado a torno de su borde se ha pretendido adecuar la tonalidad no lograda durante la fundición, pero con ello la campana se ve mutilada respecto al trazado original con el que la concibió el fundidor.)
Su musicalidad alcanza cotas insospechadas en el caso de los carillones.
Son éstos una serie de 25 hasta 75 campanas armonizadas, que combinando sus sonidos pueden producir una infinita variedad de melodías. Una serie menor entre 5 y 25 campanas es lo que se denomina un "juego".
Uno de estos carillones es el instalado por Quintana en la Basílica de la Encina de Ponferrada (León).
-El trabajo toca a su fin y sólo queda acoplar los accesorios para su posterior instalación.
El primero es el badajo o lengua, a veces sustituido por un martillo eléctrico. Su función es hacer sonar la campana mediante percusión. Está fabricado en hierro dulce, material que la experiencia ha demostrado como el más adecuado para este fin.
Al ser colgado de la anilla interior ha de tenerse en cuenta que debe golpear la campana en un punto determinado, en la interferencia del vaso con la planta, lugar donde por su espesor ésta es más resistente. En el caso del martillo, éste la golpeará desde fuera, pero también en el equivalente exterior de dicho punto.
Otro accesorio es el yugo o montura de la campana, que tiene, además de la función de sujeción de ésta a su emplazamiento, la de soportar un contrapeso que facilite el volteo u otros movimientos previstos. Actualmente se fabrican en hierro, y sólo en casos en los que estéticamente es aconsejable se acoplan los viejos yugos del tipo de "melena".
Los demás accesorios como cojinetes, rueda de sonería, etc., dependerán del tipo de instalación de cada caso particular.
Tras el embalado la campana partirá a su punto de destino, frecuentemente fuera de nuestras fronteras, hacia los países de Asia, Africa y sobre todo los de América. En todos los casos el principal cliente es la Iglesia, a la que en España se suman los diversos organismos oficiales y algunos particulares. Toda la producción se realiza bajo previo encargo, y los precios son muy aleatorios en función del tamaño y las particularidades de cada campana. Como ejemplo, una campana de 200 Kgs. costaría en España unas 350.000 pesetas, y unas 480.000 pesetas en el extranjero puesta en destino.
Hoy los hermanos Quintana intentan mantener esta demanda con medios como la publicidad o las exposiciones, amén de la oferta de unos productos de calidad, pero ambos saben que el futuro de la Fundición Quintana está en los hijos de Manuel y confían que con ellos no se pierda la tradición de toda una vida y de todo un arte: la fundición de campanas.
Después de todo lo anterior, una vez listo el bronce en el horno, se procede a colar, es decir, a verterlo en los moldes. Hoy en día el vertido se realiza individualmente, molde a molde, a diferencia de las antiguas fundiciones en las que se disponían comunicando todos los moldes unos canales por los que la colada se deslizaba y se repartía -in rivulos ignitos- como rezaba el ritual; pero, pese a su belleza, este procedimiento contaba con una serie de desafortunados inconvenientes.
La colada a través de la mazarota comienza a penetrar en el molde haciendo que el bronce ocupe en todo su espesor el espacio de la falsa campana.
Es éste el momento cumbre de la fundición -grandioso y casi trágico-, lo definen los hermanos Paccard, el instante en que la masa informe de bronce adquiere por primera vez, y quién sabe si por siglos, la forma de campana.
Pero el trabajo aún no ha terminado, tras la colada la campana recién fundida pasará en el molde unos días de reposo dentro del foso, hasta que el metal se haya enfriado completamente. Pasados estos días se procede a sacar la tierra que formaba el tapiado y se comienza a desembestir todos los moldes, es decir, a romper la capa que cubría la campana dejándola libre al exterior. En este momento será extraída del foso y colocada en la zona donde se iniciará la última fase de su elaboración: el "desbarbado", durante el cual se limpia eliminando las posibles rebabas y pulimentando la pieza por medio de cepillos (de alambre), tela y pasta de pulir.
Tras estos retoques la campana está terminada. Ahora podrán apreciarse claramente las inscripciones que anteriormente se habían adosado a la camisa y que como ya vimos incluían el año de fundición y el sello de la casa Quintana además de las que el cliente haya podido encargar para caso concreto.
- El trazado de las campanas fundidas por Ouintana es preferentemente el denominado "campana esquilón" del tipo "A". Este trazado y a juicio de esta fundición es el más lógico y racional por su forma más esbelta y su sonido grave sin llegar a la estridencia metálica de las campanas demasiado gruesas. Su perfil consta de las siguientes partes: "coronilla", "vuelta de hombros", "vaso", "planta" y "diente". Existen las campanas denominadas "romanas" con trazados "B" y "C" de forma menos esbelta que la campana "esquilón". Es más ancha en "vuelta de hombros" y corta en las siguientes partes. Campana exclusiva de la zona castellano-leonesa.
Entre la producción de esta fundición destacan las campanas de los monasterios de Poblet y Guadalupe, siendo la mayor de todas la del Monasterio de Sobrado, en la provincia de La Coruña, fundida en 1958, con un peso de 3.500 Kgs. y que por sus condiciones el sonido alcanza un radio de 30 Kms.
-En cuanto a la tonalidad, las campanas permiten obtener con precisión cualquier nota musical prevista de antemano, partiendo para cada caso de una estructura determinada en función de leyes invariables.
Es preciso tener en cuenta que una vez fundida, la campana no admite modificaciones en su sonido y si no da la nota deseada no resta otro recurso de afinación que volver a fundirla. (Se han dado casos en que mediante un rebajado a torno de su borde se ha pretendido adecuar la tonalidad no lograda durante la fundición, pero con ello la campana se ve mutilada respecto al trazado original con el que la concibió el fundidor.)
Su musicalidad alcanza cotas insospechadas en el caso de los carillones.
Son éstos una serie de 25 hasta 75 campanas armonizadas, que combinando sus sonidos pueden producir una infinita variedad de melodías. Una serie menor entre 5 y 25 campanas es lo que se denomina un "juego".
Uno de estos carillones es el instalado por Quintana en la Basílica de la Encina de Ponferrada (León).
-El trabajo toca a su fin y sólo queda acoplar los accesorios para su posterior instalación.
El primero es el badajo o lengua, a veces sustituido por un martillo eléctrico. Su función es hacer sonar la campana mediante percusión. Está fabricado en hierro dulce, material que la experiencia ha demostrado como el más adecuado para este fin.
Al ser colgado de la anilla interior ha de tenerse en cuenta que debe golpear la campana en un punto determinado, en la interferencia del vaso con la planta, lugar donde por su espesor ésta es más resistente. En el caso del martillo, éste la golpeará desde fuera, pero también en el equivalente exterior de dicho punto.
Otro accesorio es el yugo o montura de la campana, que tiene, además de la función de sujeción de ésta a su emplazamiento, la de soportar un contrapeso que facilite el volteo u otros movimientos previstos. Actualmente se fabrican en hierro, y sólo en casos en los que estéticamente es aconsejable se acoplan los viejos yugos del tipo de "melena".
Los demás accesorios como cojinetes, rueda de sonería, etc., dependerán del tipo de instalación de cada caso particular.
Tras el embalado la campana partirá a su punto de destino, frecuentemente fuera de nuestras fronteras, hacia los países de Asia, Africa y sobre todo los de América. En todos los casos el principal cliente es la Iglesia, a la que en España se suman los diversos organismos oficiales y algunos particulares. Toda la producción se realiza bajo previo encargo, y los precios son muy aleatorios en función del tamaño y las particularidades de cada campana. Como ejemplo, una campana de 200 Kgs. costaría en España unas 350.000 pesetas, y unas 480.000 pesetas en el extranjero puesta en destino.
Hoy los hermanos Quintana intentan mantener esta demanda con medios como la publicidad o las exposiciones, amén de la oferta de unos productos de calidad, pero ambos saben que el futuro de la Fundición Quintana está en los hijos de Manuel y confían que con ellos no se pierda la tradición de toda una vida y de todo un arte: la fundición de campanas.