MANZANEDA DE OMAÑA: El galán de un romance de Omaña antecedente de don...

El galán de un romance de Omaña antecedente de don Juan Tenorio

Menéndez Pelayo, Said Armesto, Ramiro de Maeztu, Fernando Díaz-Plaja y otros prestigiosos escritores españoles, avalan la tesis de que el personaje literario de don Juan Tenorio pudo tener como antecedente al galán de un romance popular recogido en Curueña por don Juan Menéndez Pidal, quien fuera asiduo y devoto visitante de la comarca de Omaña. (…) La leyenda del don Juan puede ser compartida con la del personaje del romance de El galán que diba pa misa..., transcrito por Menéndez Pidal y tomándolo de éste Menéndez Pelayo, que fue quien primero puso de relieve la evidencia de esa patente relación entre el galán de Omaña y el burlador de Sevilla.

Acerca de la leyenda popular en que haya podido inspirarse el personaje de don Juan, Ramiro de Maeztu escribe lo siguiente:
... Es el hecho de la invitación sacrílega a un muerto lo que le da a Don Juan la grandeza satánica con que llenó de horror y de admiración, al mismo tiempo, a un público cuyos profundos sentimientos religiosos no debieron en aquel tiempo ser incompatibles con cierto secreto deseo de sacudirse de encima el dominio de la Iglesia. Pues si la figura del Burlador se hallaba ya en las leyendas e historias populares de España... el episodio del banquete sacrílego se encuentra también en romances populares anteriores de esa época. Said Armesto ha comprobado este aserto recogiendo de viva voz numerosos romances gallegos, portugueses, asturianos, leoneses y castellanos, que se conservan por tradición oral. Uno de ellos, de Riello, provincia de León, dice así: “Pa misa diba un galán... (1) Maeztu atribuye así erróneamente a Said Armesto el haber encontrado por primera vez el romance, cuando este descubrimiento se debe, en cambio, a Juan Menéndez Pidal,
quien tan bien conocía Omaña y tuvo, por tanto, ocasión de oír y recoger personalmente el romance del galán y la calavera. No obstante, sí acierta al afirmar que “en estos romances –refiriéndose en concreto al de Omaña- encontramos ya perfilado el tipo del Don Juan”.

Respecto a este galán ‘que diba a misa’ y ‘no diba por ir a misa’, que diba por ver las damas..., el autor de Don Quijote, Don Juan y la Celestina, se pregunta luego: “ ¿De dónde surge? ¿Cómo lo ha concebido el pueblo? Y estas preguntas las esclarece Said Armesto luego con el hecho de que en Galicia y otros países prevaleció hasta el siglo XVI la costumbre de celebrar la fiesta de los muertos el 2 de noviembre con ruidosas orgías celebradas en las iglesias, cuyos altares servían de aparadores para jarras y platos, y ocurría que cuando el vapor del vino calentaba los cascos de los comensales se proferían brindis sacrílegos a la memoria de los muertos que yacían en las arcas de piedra de las capillas vecinas, y las imaginaciones, exacerbadas por las libaciones, soñaban luego que a la medianoche celebraban los muertos otro banquete, correspondiente a la macabra broma de los parientes vivos. Todavía en el siglo XVII era costumbre en algunas familias
españolas poner uno o dos cubiertos en la mesa para los muertos, como si aquel lugar o lugares vacíos hubieran de ocuparlos, invisibles, el padre o padres del jefe de la casa. He aquí, por tanto, en España los elementos que integran el Don Juan: el Burlador, en la leyenda y en obras anteriores a la de Tirso; el convite a muerto, en el romance popular...” (…)

El propio Said Armesto exponía con anterioridad lo siguiente: “En el rico depósito de la literatura oral española... subsisten todavía, ya en consejas prosadas, ya en romances salmodiados por los campesinos gallegos y leoneses en sus invernales noches, los destartalados residuos de una vieja leyenda de hilandero, ingenua y simplicísima como el alma del pueblo que la dictó, pero bajo cuya frágil tela no sólo se traslucen los contornos del famoso Burlador de Sevilla y Convidado de piedra, sino que contiene, como en tosco capullo, toda la psicología facetada y fulgurante de aquel gran desdeñoso, insaciable buscador de escándalos, retador de muertos, eterno enamorado del placer y del peligro, y que con altivo ademán y fríos ojos mira al vengador espectro cara a cara. Un romance descubrió hace años en Riello (León), mi docto amigo don Juan Menéndez Pidal...” (2).
Saiz Armesto se refiere, claro está, al romance omañés del galán y la calavera; y, en nota aparte, añade, refiriéndose al mismo: “el romance fue descubierto por Pidal en 1889.” Sin embargo, Said Armesto niega que ese romance del galán y la calavera lo incluyera Juan Menéndez Pidal en “su preciosa obra” (3), por ser ésta de publicación anterior.
Por otra parte, el mismo Saiz Armesto apunta después, respecto a nuestro romance de Omaña, que “examinando esta versión, dice el eminente orientador de nuestra crítica señor Menéndez Pelayo: ‘Análogas fantasías pueden encontrarse en poesías populares de diversos tiempos y países; pero no conozco ninguna forma tan próxima a la leyenda de don Juan como ésta” (…).

Por nuestra parte, añadimos que nuestro galán pudo estar emparentado con alguno de los linajes de los caballeros leoneses que participaron con el rey de León y Castilla Fernando III el Santo
en la conquista de Sevilla (…) Y uno de esos linajes al que pertenecía el galán del romance de Omaña pudo haber sido el de los Tenorio, emparentados tal vez con los Ponces omañeses por la vía colateral descendente de Alfonso IX. (…) Pero, sobre todo, son los testimonios de los grandes autores antes citados los que nos permiten presuponer fundadamente que el galán de la calavera del romance de Curueña recogido en Omaña por Juan Menéndez Pidal es, en efecto, un acreditado antecedente literario del mítico personaje de don Juan Tenorio.

María Luz Melcón. Extracto del artículo publicado en Revista De Omaña, nº1, 2007, pp.