Félix González nació en Piñeiroá, aldea de Castro Caldelas. Su padre emigró a Cuba. Anduvo de ambulante y cuando se pasó a trabajar a las canteras un barreno acabó con su vida y la de ocho obreros más. Félix tenía tres años. Tenía dos hermanos más. A los ocho años su madre le puso a servir y le encargaron cuidar las vacas. En los días de lluvia le mandaban a la “escuela”, pero llovía demasiado. Cuando tenía once años, su madre volvió a casar. Compró una rueda de afilar de segunda mano que le costó 40 duros. Un pariente le enseñó lo más rudimentario: colocar los cuchillos y las tijeras en el afiladero de la rueda.
Pasados los primeros cuatro años de mili -del 38 al 41 - y licenciado de la primera remesa, buscó un trabajo en Galicia. Era difícil colocarse. Pagaban tres pesetas y mantenido o cinco pesetas a secas; pero algo encontró: la roza de tojos -toxos-, la tala de árboles y la raja de los troncos.
- La roza de los tojos es muy dura. Para rozar cinco carros de monte empleé cinco días y cobré cinco duros. Una miseria. Y había que tener valor para abrazarse a ellos y subirlos al carro.
Decidió venirse a Valladolid y aterrizó en Teresa Gil con Manuel, pariente afilador consagrado ya. Y se lanzó con la rueda por los caminos de Dios.
Su bautismo profesional lo tuvo en Zamarramala, Segovia, le salió tan mal que no le pagaron. Pasaron a Cantimpalo y luego a Escarabajosa. En Escarabajosa cambió su suerte. Cayó bien a las mozas y afiló una buena tacada de trastos. Subió el precio, de media peseta -dos reales- a una peseta por pieza.
- Me dije, qué joder, he caído bien y voy a ganar. Manuel, el pariente, se espantó y no lo subió más.
Pasaron a Carbonero el Mayor, Bernardos, Santa María de Nieva “-un pueblo de mucho postín-”, Navas de la Asunción, Coca, Navas de Oro, Samboal, Narros, Carracillo, Cuéllar, Sarracín, Chatún, Campo de Cuéllar. En Carracillo se encontró con un viejo amigo del frente. Le recibió, le tuvo de huésped, no le cobró nada. El viejo amigo era la familia más rica del pueblo, tenían hacienda, carnicería, panadería, cantina y hasta el baile del pueblo.
- Cuando ganaba cinco duros era un día grande. Cuando sacaba 7-8 duros, estaba fuera de mí. Pero se ahorraba poco. Había que pagar la comida y la cena. Escabeche de barril, cebolla, pan y vino, y medio kilo de filetes, -el kilo estaba a 16 pts- para comer. Para cenar, escabeche, 2 ptas; más dormir en tu saca, 1 pta. No quedaba mucho. Ahorré sin embargo 500 ptas en un mes. Una hermana mía me informó que en Barcelona un obrero cobraba sobre 20 ptas diarias y se les iban en patrona. ¿De qué vestían, de qué ahorraban? Así que me agarré a la rueda.
El camino se hacía andando y empujando la rueda. Cuando descansaba la apoyaba sobre las cuatro patas y la rueda quedaba en el aire. El número de kilómetros estaba en función de la distancia de los pueblos y del trabajo. Con la rueda llevaba el afiladero, más un esmeril para pulir, el cajón de los trastos, la saca, la manta, la escasa muda y un capote de soldado, 60 kilos.
Pasados los primeros cuatro años de mili -del 38 al 41 - y licenciado de la primera remesa, buscó un trabajo en Galicia. Era difícil colocarse. Pagaban tres pesetas y mantenido o cinco pesetas a secas; pero algo encontró: la roza de tojos -toxos-, la tala de árboles y la raja de los troncos.
- La roza de los tojos es muy dura. Para rozar cinco carros de monte empleé cinco días y cobré cinco duros. Una miseria. Y había que tener valor para abrazarse a ellos y subirlos al carro.
Decidió venirse a Valladolid y aterrizó en Teresa Gil con Manuel, pariente afilador consagrado ya. Y se lanzó con la rueda por los caminos de Dios.
Su bautismo profesional lo tuvo en Zamarramala, Segovia, le salió tan mal que no le pagaron. Pasaron a Cantimpalo y luego a Escarabajosa. En Escarabajosa cambió su suerte. Cayó bien a las mozas y afiló una buena tacada de trastos. Subió el precio, de media peseta -dos reales- a una peseta por pieza.
- Me dije, qué joder, he caído bien y voy a ganar. Manuel, el pariente, se espantó y no lo subió más.
Pasaron a Carbonero el Mayor, Bernardos, Santa María de Nieva “-un pueblo de mucho postín-”, Navas de la Asunción, Coca, Navas de Oro, Samboal, Narros, Carracillo, Cuéllar, Sarracín, Chatún, Campo de Cuéllar. En Carracillo se encontró con un viejo amigo del frente. Le recibió, le tuvo de huésped, no le cobró nada. El viejo amigo era la familia más rica del pueblo, tenían hacienda, carnicería, panadería, cantina y hasta el baile del pueblo.
- Cuando ganaba cinco duros era un día grande. Cuando sacaba 7-8 duros, estaba fuera de mí. Pero se ahorraba poco. Había que pagar la comida y la cena. Escabeche de barril, cebolla, pan y vino, y medio kilo de filetes, -el kilo estaba a 16 pts- para comer. Para cenar, escabeche, 2 ptas; más dormir en tu saca, 1 pta. No quedaba mucho. Ahorré sin embargo 500 ptas en un mes. Una hermana mía me informó que en Barcelona un obrero cobraba sobre 20 ptas diarias y se les iban en patrona. ¿De qué vestían, de qué ahorraban? Así que me agarré a la rueda.
El camino se hacía andando y empujando la rueda. Cuando descansaba la apoyaba sobre las cuatro patas y la rueda quedaba en el aire. El número de kilómetros estaba en función de la distancia de los pueblos y del trabajo. Con la rueda llevaba el afiladero, más un esmeril para pulir, el cajón de los trastos, la saca, la manta, la escasa muda y un capote de soldado, 60 kilos.