La Peñina
Y si la primera mujer que condujo un autobús era de Pueblo de Lillo, la primera taxista también fue leonesa, de la capital. Piedad Alejandra Álvarez Rubio. Una mujer ilustrada y de carácter, trabajadora, pionera y con apodo, como tantas gentes en aquellos tiempos: La Peñina. Una anécdota puede definir perfectamente su carácter. Un periódico nacional publicó la noticia en los años 50 de una mujer gallega, de Lugo, de la que afirmaba que era la primera mujer taxista de España. Entonces Piedad Álvarez ya había abandonado su taxi y regentaba un negocio de ultramarinos en la calle de la Rúa, pero no estaba dispuesta a que le arrebataran el honor de haber sido la primera mujer en colgar el cartel de Servicio Público en su coche y decidió primero hacer valer su título pues ya hacía años que ella había recorrido las calles leonesas como taxista, y además recuperó su viejo oficio y renovó la licencia que le permitió recuperar el numero 49 para su coche en la parado de la plaza de Son Marcelo.
La afición a los coches le venía a La Peñina de familia. Su padre tenía un taller y ella era feliz metiendo y sacando los coches que iban hasta el negocio familiar para ser reparados. Obtuvo el carnet de conducir, siendo una de las primeras en lograrlo, aunque no parecía que ya pensara en dedicarse a algo relacionado con los coches pues estudió la carrera de Magisterio, pero nunca la llegó a ejercer. Cuando debía empezar a dar clases comenzó a rondarle por la cabeza aquella idea instalada en tantas mujeres de la ciudad de no "enterrarse en vida en un pueblo" de aquellos duros años de la posguerra, a lo que se debería añadir el recuerdo de un dicho muy en boga en aquellos tiempos, el de "pasas más hambre que un maestro escuela".
La realidad es que nunca llegó a ejercer como maestra y, como ya tenía permiso de conducir, le sugirieron la posibilidad de que pusiera un coche de turismo al punto. Así lo hizo y así se convirtió en la primera mujer taxista de Espña, condición que reivindico con tal fuerza que volvió a ejercer la profesión con su vieja licencia cuando se puso en duda su privilegio. Acudió a los periódicos con viejos recortes de prensa, con su licencia y con su incuestionable verdad. Y al ser entrevistada recalcó su orgullo por otro logro, que en sus numerosos viajes por la ciudad y sus arrabales, no recordaba haber tenido nunca un accidente.
Y si la primera mujer que condujo un autobús era de Pueblo de Lillo, la primera taxista también fue leonesa, de la capital. Piedad Alejandra Álvarez Rubio. Una mujer ilustrada y de carácter, trabajadora, pionera y con apodo, como tantas gentes en aquellos tiempos: La Peñina. Una anécdota puede definir perfectamente su carácter. Un periódico nacional publicó la noticia en los años 50 de una mujer gallega, de Lugo, de la que afirmaba que era la primera mujer taxista de España. Entonces Piedad Álvarez ya había abandonado su taxi y regentaba un negocio de ultramarinos en la calle de la Rúa, pero no estaba dispuesta a que le arrebataran el honor de haber sido la primera mujer en colgar el cartel de Servicio Público en su coche y decidió primero hacer valer su título pues ya hacía años que ella había recorrido las calles leonesas como taxista, y además recuperó su viejo oficio y renovó la licencia que le permitió recuperar el numero 49 para su coche en la parado de la plaza de Son Marcelo.
La afición a los coches le venía a La Peñina de familia. Su padre tenía un taller y ella era feliz metiendo y sacando los coches que iban hasta el negocio familiar para ser reparados. Obtuvo el carnet de conducir, siendo una de las primeras en lograrlo, aunque no parecía que ya pensara en dedicarse a algo relacionado con los coches pues estudió la carrera de Magisterio, pero nunca la llegó a ejercer. Cuando debía empezar a dar clases comenzó a rondarle por la cabeza aquella idea instalada en tantas mujeres de la ciudad de no "enterrarse en vida en un pueblo" de aquellos duros años de la posguerra, a lo que se debería añadir el recuerdo de un dicho muy en boga en aquellos tiempos, el de "pasas más hambre que un maestro escuela".
La realidad es que nunca llegó a ejercer como maestra y, como ya tenía permiso de conducir, le sugirieron la posibilidad de que pusiera un coche de turismo al punto. Así lo hizo y así se convirtió en la primera mujer taxista de Espña, condición que reivindico con tal fuerza que volvió a ejercer la profesión con su vieja licencia cuando se puso en duda su privilegio. Acudió a los periódicos con viejos recortes de prensa, con su licencia y con su incuestionable verdad. Y al ser entrevistada recalcó su orgullo por otro logro, que en sus numerosos viajes por la ciudad y sus arrabales, no recordaba haber tenido nunca un accidente.