FESTIVAL DE CINE DE ASTORGA / Homenaje
La ternura de un socarrón descreído
José Antonio Labordeta no puede acudir esta tarde a recoger el galardón
Fulgencio Fernández / León
José Antonio Labordeta vive en nuestras casas. Le hemos visto tantas veces llegar a la puerta con la mochila, sentarse a comer en el corral o en la panera, charlar con los paisanos de tu a tu, que es un vecino más, un contertulio, otro comensal a la mesa de nuestras conversaciones. “El de la mochila” dicen en los bares cuando vuelven a reponer alguno de los capítulos de ‘Un país en la mochila’ y no hace falta aclarar quién es, todos lo sabe.
Un capítulo en León
Realizó un precioso capítulo en Babia, en el que se sorprendía por el paisaje (“una vegetación que revienta por todos los lados y un aire purísimo”), la arquitectura y los recuerdos de los antiguos nobles de esta tierra (“después de Dios... los Quirós”). No falta su conocida socarronería y después de visitar algunos de los viejos caserones que fueron de nobles añade: “con ese rictus de ironía que a un plebeyo se le pone cuando observa de la ruina de los altaneros... otra vez al camino”.
Grabó imágenes por todos aquellos pueblos, bailes y fiestas, paisajes y, sobre todo, personajes, como Nieves, que le cuenta que hizo muchas veces ‘la marina’. “Marchar de aquí para pasar el invierno en Asturias”. También le contó hasta su vida en verso. “Soy Nieves de Torrestío, me considero cristiana. Mi padre era Manuel y mi madre era Laura. Yo nací de trashumantes, de los vaqueros de alzada... Aquí termina la crónica la poeta de Babia”. También en La Cueta conoció a Adelaida, otro personaje singular, que siempre le contestaba con dichos y refranes. “ ¡Qué gente, qué personajes! El patrimonio humano de este país es increíble”, comentaba Labordeta en un reportaje publicado entonces en La Crónica de León y recordaba al pastor Herminio, un ejemplo de socarronería popular que bien podría haber sido su maestro. Los pastores y la trashumancia (con los hermanos Barriada, ya fallecidos) ocupó buena parte de su programa, en el que comió una caldereta, como no, para comentar después: “Bien comido, bien bebido, y ahíto de aire puro y del paisaje increíble, uno entiende muy bien lo de estar en Babia...”.
Manifestaba el escritor, poeta, cantautor, profesor y político aragonés que se había encontrado muy a gusto en León. “Siempre se ha creído que hay cierta semejanza entre las gentes de León y Aragón, por aquello de que unos eran cazurros y otros tienen fama de cabezones, que viene a ser lo mismo y creo que la cosa no iba demasiado desencaminada”.
La ternura de un socarrón descreído
José Antonio Labordeta no puede acudir esta tarde a recoger el galardón
Fulgencio Fernández / León
José Antonio Labordeta vive en nuestras casas. Le hemos visto tantas veces llegar a la puerta con la mochila, sentarse a comer en el corral o en la panera, charlar con los paisanos de tu a tu, que es un vecino más, un contertulio, otro comensal a la mesa de nuestras conversaciones. “El de la mochila” dicen en los bares cuando vuelven a reponer alguno de los capítulos de ‘Un país en la mochila’ y no hace falta aclarar quién es, todos lo sabe.
Un capítulo en León
Realizó un precioso capítulo en Babia, en el que se sorprendía por el paisaje (“una vegetación que revienta por todos los lados y un aire purísimo”), la arquitectura y los recuerdos de los antiguos nobles de esta tierra (“después de Dios... los Quirós”). No falta su conocida socarronería y después de visitar algunos de los viejos caserones que fueron de nobles añade: “con ese rictus de ironía que a un plebeyo se le pone cuando observa de la ruina de los altaneros... otra vez al camino”.
Grabó imágenes por todos aquellos pueblos, bailes y fiestas, paisajes y, sobre todo, personajes, como Nieves, que le cuenta que hizo muchas veces ‘la marina’. “Marchar de aquí para pasar el invierno en Asturias”. También le contó hasta su vida en verso. “Soy Nieves de Torrestío, me considero cristiana. Mi padre era Manuel y mi madre era Laura. Yo nací de trashumantes, de los vaqueros de alzada... Aquí termina la crónica la poeta de Babia”. También en La Cueta conoció a Adelaida, otro personaje singular, que siempre le contestaba con dichos y refranes. “ ¡Qué gente, qué personajes! El patrimonio humano de este país es increíble”, comentaba Labordeta en un reportaje publicado entonces en La Crónica de León y recordaba al pastor Herminio, un ejemplo de socarronería popular que bien podría haber sido su maestro. Los pastores y la trashumancia (con los hermanos Barriada, ya fallecidos) ocupó buena parte de su programa, en el que comió una caldereta, como no, para comentar después: “Bien comido, bien bebido, y ahíto de aire puro y del paisaje increíble, uno entiende muy bien lo de estar en Babia...”.
Manifestaba el escritor, poeta, cantautor, profesor y político aragonés que se había encontrado muy a gusto en León. “Siempre se ha creído que hay cierta semejanza entre las gentes de León y Aragón, por aquello de que unos eran cazurros y otros tienen fama de cabezones, que viene a ser lo mismo y creo que la cosa no iba demasiado desencaminada”.