Las cerezas de alforja, todas ricas pero las más apetecibles eran las de D. Valeriano (q. e. d) porque suponía un reto, primero subirse al cerezal y una vez arriba y con la "barriga" llena, a ver quien era el valiente que se atrevía a enfrentarse al dueño provisto de una hermosa cayada que esperaba pacientemente a que el pícaro o pícaros bajaran del árbol. Yo conozco a más de uno@ que pasó buena parte de la noche medio escondido@ hasta que el sueño quebraba las fuerzas del señor de la cayada y casi ... (ver texto completo)