El padre muchas veces repetía: "a los nueve años salieron los criados de
casa de mi padre, yo era el mayor de seis hermanos, mi madre delicada y mi padre con el
caballo blanco, más pincho que dios de
feria en feria. No he hecho más que trabajar y trabajar toda mi vida y no quiero que mis hijos se queden aquí para destripar terrones como he hecho yo".
Y así fue. Cuando cumplí los diez añitos a examinarse a la capital para hacer ingreso. El dictado con tres faltas permitidas, la división de tres
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