LUMAJO: Lumajo representa para mi, muchas cosas hermosas: las...

Lumajo representa para mi, muchas cosas hermosas: las hojas caídas, el Muxivent desnudo, el olor a lumbre de San Martino, la memoria de la nieve, las antiguas costumbres de filandones a la luz de los candiles, los verdes prados y la siega, la recogida de la hierba, las campanillas en la carretera que corre a Villaseca, el día de la Magdalena, las mañanas interminables de ferias de ganado (la del Puerto, la del Pilar…), los rebaños y ese su olor tan característico que no me quitaba de encima y que me ruborizaba cada vez que bajábamos a Villablino, y otra vez el mismo ciclo cada año, como si no me hubiera ido nunca.

Y cómo no, recuerdo la familia y los viejos amigos, ¡Ay, los viejos amigos!, los recuerdo a todos: a los vivos y a los muertos. ¿Qué habrá sido de ellos? A los vivos, espero retenerlos lo más posible. Respecto de los muertos, a pesar de que creo en la eternidad, pienso que es el lugar menos propicio para los reencuentros.

Cuando regreso de nuevo, observo y dudo: ¿serán las cosas las que han cambiado o es mi memoria la que en el curso de los años dibujan un paisaje de engaño? En cualquier caso, me da igual: los paisajes son tan inmutables como nuestras miradas, que jamás se repiten. Estoy seguro de que Lumajo es de esos pueblos que solo cambia en función de que nos hayamos ido o nos hayamos quedado.

Cuando regreso, y sin preguntar nada, es cuando percibo si alguien se ha ido o se ha quedado. Y sobre todo, es cuando me recuentro con el único paraíso que creo me pertenece: la infancia.