El
pan nuestro de cada día costaba un trinfo, mucho trabajo, desasosiego, muchos rezos y alguna que otra rogativa hasta ponerlo en
la era.
Era por las proximidades de Santiago cuando papá iba al
Castillo a por la cuadrilla de bercianos- decíamos nosotros- aunque los había de la Cepeda, de la Maragatería, de la
Cabrera y gallegos de Monforte y del
Barco Valdeorras. Eran "sintierra" que buscaban un jornal allí donde lo hubiera. Cuando papá volvía yo le preguntaba que cuántos y cuantos más me decía,
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