Nos miran. Él, con su traje, chaleco y corbata, la cadena del reloj colgando, la visera protegiéndole del sol mañanero y una cámara cogida en su mano. Excepcional parece la presencia de dos cámaras en un mismo instante –la que disparó y la que se ve– en lugar tan remoto. Nos miran, decía uno. También ellas, que sin duda parecen ser el foco de atención del retratista. Están frotando las ropas en el lavadero a la vera de la carretera, ropa que han traído y que habrán de llevar en sus cestos una vez ... (ver texto completo)