El azar no existe; Dios no juega a los dados.
Cuando todos te abandonan, Dios se queda contigo.
Lo único que impide a Dios mandar un segundo diluvio, es que el primero fue inútil.
El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza.
Tenemos bastante religión para odiarnos unos a otros, pero no la bastante para amarnos.