Ya no hay feria desde hace años. Que pena da que se vayan perdiendo las costumbres. El progreso y la tecnología las va desplazando. Hoy es el día de San Mateo, la fiesta de Tapia. Las gentes de todos los pueblos de alrededor aprovechaban este día para ir a comprar los gochines apenas destetados, que se criaban y engordaban durante todo un año para hacer la matanza en el siguiente. Se iba a la feria andando, y se volvía andando con los gochines de varios de los vecinos, que se unían para llevarlos en manada por la carretera, en esos tiempos en que apenas circulaban coches. Cuando yo era pequeña ya los transportaban en la caja de algún camión del pueblo que volvían de llevar carbón a la Ribera, me acuerdo de García el padre de Pepina, Adolfo o Tomasón. Era indescriptible la algarabía que se formaba en la calle cuando cada vecino agarraba los suyos, marcados para no equivocarse y los llevaba a la cubil correspondiente. Durante buena parte de la tarde se escuchaban por todo el pueblo los agudos gruñidos de los cerdines, que además llegaban todos tiznaos del polvo de carbón de la caja del camión. Y los pequeños esperábamos ese momento con ansiedad, no por los gochos, que en aquel momento no nos interesaban demasiado, sino por los que regresaban de la feria que nos traían los “perdones”. Que gusto pasábamos si nos agasajaban con unas almendras garrapiñadas, o unos caramelos. Tampoco muchos, ni siempre nos los traían, que no estaban los tiempos para dispendios.
La mocedad iba andando por Selga, sobretodo las mozas, que empleaban para el camino las alpargatas mas rotas y viejas que tuvieran y eso era porque al llegar al molino de Tapia las tiraban y se calzaban los zapatos para ir ya despreocupadas al baile, claro que antes se comían un bocadillín que llevaban para reponer las fuerzas gastadas en la caminata.
Los mozos que tenían bicicleta se ataban las perneras de los pantalones con unas pinzas o simplemente se las ponían por dentro de los calcetines con el fin de que no se les enredaran entre los radios de la bicicleta al pedalear.. La vuelta de mozos y mozas tras el baile ya no sé como la hacían. Lo que si sé es que estas excursiones traían sus frutos, sobretodo a los mozos, no en vano unos cuantos de la época casaron en la Ribera.
La mocedad iba andando por Selga, sobretodo las mozas, que empleaban para el camino las alpargatas mas rotas y viejas que tuvieran y eso era porque al llegar al molino de Tapia las tiraban y se calzaban los zapatos para ir ya despreocupadas al baile, claro que antes se comían un bocadillín que llevaban para reponer las fuerzas gastadas en la caminata.
Los mozos que tenían bicicleta se ataban las perneras de los pantalones con unas pinzas o simplemente se las ponían por dentro de los calcetines con el fin de que no se les enredaran entre los radios de la bicicleta al pedalear.. La vuelta de mozos y mozas tras el baile ya no sé como la hacían. Lo que si sé es que estas excursiones traían sus frutos, sobretodo a los mozos, no en vano unos cuantos de la época casaron en la Ribera.
Jo que recuerdos mas bonitos, cuantas tradiciones que no conozco y que me hubiera encantado vivir, lastima de las circustancias de la vida, en fin
D. CARLOS. 12 semos una docena. Para el 30 hablamos. Chau
Jolines con el telegrama....
Como confirmación a su atenta, del día de referencia, me es grato confirmarle, el cierre de la operación cocidito, con el número 12.
Te ha faltado el "atentamente" de despedida.