León celebra el triunfo de la selecciónen la noche más calurosa del año
Había dado el gallo de San Isidoro las diez de la noche cuando Hugo irrumpe en el bar, levanta su camiseta con el 7 de Villa-maravilla y muestra en su barriguilla la palabra gol escrita con lápiz de ojos negro. No le importó que su ídolo no metiera el tanto que ha hecho historia. El crío gritaba, el Guaje celebraba el gol, el Niño se disponía a darle el relevo y los clientes, a una, coreaban ¡Puyol, tiburón! A esa hora, León, como el resto del país, era un jaleo. La ciudad contenida, que se pasó la tarde sudando -”por los nervios y por el calor-” se volvió desaforada y el silencio de la noche tardó en llegar hasta casi la madrugada.
La marea roja acudió a la fuente para enfriar su euforia y empezó allí el recuento de los héroes. Uno a uno, incluido, claro está, el pulpo Paul y el mismísimo Maradona, que no fue precisamente un oráculo y se dejó ganar hasta por un cefalópodo que lo sabe todo, incluso el futuro, tiene entrada en la wikipedia, perfil en Tuenti y Twitter y página en Faceboock y para el que los blogueros piden ya la nacionalidad española.
Hubo mucho más que fútbol ayer. El triunfo estaba en Europa, sí, pero se fue directo a España. El continente, a veces hermano, a veces madrastra, era ayer rival. Y ni Zapatero pudo evitarlo. La misma afición que jaleó el sábado a Alemania contra maradona, contra la Mano de Dios, reconvertido en bocazas por la afición roja, jugaba ayer en su contra.
¡Aprende Alemania! gritaba la afición leonesa en Santo Domingo. ¿Iba dirigido a Merkel?
Había ganas de ganar.
¡Tiembla Holanda!, amenazaba la afición leonesa en la fuente. Y muchos buscaban ya en Internet el vaticinio de Paul, el pulpo adivino. Hay ganas de ganar.
Había dado el gallo de San Isidoro las diez de la noche cuando Hugo irrumpe en el bar, levanta su camiseta con el 7 de Villa-maravilla y muestra en su barriguilla la palabra gol escrita con lápiz de ojos negro. No le importó que su ídolo no metiera el tanto que ha hecho historia. El crío gritaba, el Guaje celebraba el gol, el Niño se disponía a darle el relevo y los clientes, a una, coreaban ¡Puyol, tiburón! A esa hora, León, como el resto del país, era un jaleo. La ciudad contenida, que se pasó la tarde sudando -”por los nervios y por el calor-” se volvió desaforada y el silencio de la noche tardó en llegar hasta casi la madrugada.
La marea roja acudió a la fuente para enfriar su euforia y empezó allí el recuento de los héroes. Uno a uno, incluido, claro está, el pulpo Paul y el mismísimo Maradona, que no fue precisamente un oráculo y se dejó ganar hasta por un cefalópodo que lo sabe todo, incluso el futuro, tiene entrada en la wikipedia, perfil en Tuenti y Twitter y página en Faceboock y para el que los blogueros piden ya la nacionalidad española.
Hubo mucho más que fútbol ayer. El triunfo estaba en Europa, sí, pero se fue directo a España. El continente, a veces hermano, a veces madrastra, era ayer rival. Y ni Zapatero pudo evitarlo. La misma afición que jaleó el sábado a Alemania contra maradona, contra la Mano de Dios, reconvertido en bocazas por la afición roja, jugaba ayer en su contra.
¡Aprende Alemania! gritaba la afición leonesa en Santo Domingo. ¿Iba dirigido a Merkel?
Había ganas de ganar.
¡Tiembla Holanda!, amenazaba la afición leonesa en la fuente. Y muchos buscaban ya en Internet el vaticinio de Paul, el pulpo adivino. Hay ganas de ganar.