Los Botas «patean» de nuevo
Más de doscientos miembros de la familia que tuvo su origen en el pueblo maragato, algunos llegados del extranjero, celebraron ayer la fiesta del clan
09/05/2010
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Parte de los Botas que se concentraron en Castrillo, en la foto no llegan a la mitad, posan antes de
DOMINGO
Los Botas se reunieron ayer en el pueblo maragato que dio origen a su apellido para patear -”léase cultivar-” esa relación de familia, unas veces lejana y otras cercana. La entrada a Casa Maruja -”la más famosa restauradora en lo que a cocido maragato se refiere y parte de la familia-” parecía ayer el control de firmas de una vuelta ciclista. Allí llegaban quienes disfrutan de este peculiar apellido para confirmar su asistencia, recibir el escudo, la camiseta de la tribu, así como una acreditación en la que figuraba el nombre de su poseedor y el programa de actos.
Amelia Botas, de tres meses y procedente de Gijón, no podía alardear de ser la más joven del encuentro como lo hacía el patriarca, Diego Botas García-Barbón, de 78 años, que apuntaba los 82 de su primo Blas (en cualquier caso, ambos mostraban la ilusión de unos mozos).
Del correo al chat. Marcos Botas ha llevado el peso de la organización. «Lleva tiempo», dice. Aunque no sabe precisar cuántos meses ha dedicado al sexto encuentro, destaca las 660 cartas que ha enviado «a todo el mundo: España, Europa, Estados Unidos...», para que al final 210 coincidan ayer en Castrillo. Sin embargo, quienes no pudieron asistir a esta fiesta familiar tuvieron la oportunidad de unirse a los actos gracias a las nuevas tecnologías y la página web www. tribubotas. org, desde la que se contactó con Méjico, Holanda, Argentina y otros puntos de España.
Más de doscientos miembros de la familia que tuvo su origen en el pueblo maragato, algunos llegados del extranjero, celebraron ayer la fiesta del clan
09/05/2010
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Parte de los Botas que se concentraron en Castrillo, en la foto no llegan a la mitad, posan antes de
DOMINGO
Los Botas se reunieron ayer en el pueblo maragato que dio origen a su apellido para patear -”léase cultivar-” esa relación de familia, unas veces lejana y otras cercana. La entrada a Casa Maruja -”la más famosa restauradora en lo que a cocido maragato se refiere y parte de la familia-” parecía ayer el control de firmas de una vuelta ciclista. Allí llegaban quienes disfrutan de este peculiar apellido para confirmar su asistencia, recibir el escudo, la camiseta de la tribu, así como una acreditación en la que figuraba el nombre de su poseedor y el programa de actos.
Amelia Botas, de tres meses y procedente de Gijón, no podía alardear de ser la más joven del encuentro como lo hacía el patriarca, Diego Botas García-Barbón, de 78 años, que apuntaba los 82 de su primo Blas (en cualquier caso, ambos mostraban la ilusión de unos mozos).
Del correo al chat. Marcos Botas ha llevado el peso de la organización. «Lleva tiempo», dice. Aunque no sabe precisar cuántos meses ha dedicado al sexto encuentro, destaca las 660 cartas que ha enviado «a todo el mundo: España, Europa, Estados Unidos...», para que al final 210 coincidan ayer en Castrillo. Sin embargo, quienes no pudieron asistir a esta fiesta familiar tuvieron la oportunidad de unirse a los actos gracias a las nuevas tecnologías y la página web www. tribubotas. org, desde la que se contactó con Méjico, Holanda, Argentina y otros puntos de España.
Eso lo que yo `propuse un dia a Pili, pero nos faltan cataplines para reunirnos todos.
Hola Manuel
Estas cosas se pueden ir hablando, todo requiere su tiempo.
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