Querida Margarita. ¿Que tal estás?. Siento un gran cariño por Vegarienza. Iba por el pan, en bicicleta, a casa de mi tocayo, el de Armellada y mi madre me llevaba al médico, que vivía donde Teófilo y Encarnación. Don Eloy, el cura, era un auténtico santo. Fernando (el marido de Lucía), se encargaba de la corriente eléctrica. Angel Leonato vendía de todo y charlábamos, sentados en los escaños de la cocina. Tere De la Calzada, era la maestra del Castillo. Por los veranos venía el cantante de ópera, ... (ver texto completo)