Doliente cierva, que el herido lado
de ponzoñosa y cruda yerba lleno,
buscas el
agua de la
fuente pura,
con el cansado aliento que en el seno
bello de la corriente sangre hinchado,
débil y decaída tu hermosura;
¡ay!, que la mano dura
que tu nevado pecho
ha puesto en tal estrecho,
gozosa va con tu desdicha cuando
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