Durante mucho años de mí vida de viajante, he visitado la
catedral de
Burgos, con el asombro de ir descibriendo en ella algo nuevo y misterioso, en sus maravillosos
bordados de
piedra.
Con esa inquietud que tengo por la cultura de la piedra, la visitaba casi a diario, como a una novia, porque siempre me seducía el
gótico y, algo más, que encierra su belleza.