El paradigma de la reutilización era el bote de puntas. No recuerdo haber utilizado una sola punta nueva en aquellos años. Cuando era necesario clavar algo, se cogía un enorme bote lleno de puntas dobladas y oxidadas, que se habían utilizado numerosas veces anteriormente, y la primera tarea era enderechar las puntas necesarias para el trabajo en cuestión. Sobándolas un poco en el cuero cabelludo para que entraran mejor en la madera, tal como había visto a hacer al carpintero, se conseguía utilizarlas ... (ver texto completo)
Las suelas de goma de las zapatillas o las cubiertas de las bicicletas, podían valer para actuar de bisagras en la cancela de la huerta. Yo recuerdo haber arreglado el piñón de la bicicleta con un trocito de suela de goma, en sustitución del muelle que se había roto. Y funcionaba. La ceniza de la cocina servía para los rosales o simplemente se añadía al abono. La leche que daban las vacas recién paridas, “culiestros” les llamábamos, no se podía usar para el consumo. Pero con ella se hacían los fisuelos ... (ver texto completo)