Buenos dias, Victoria.
Por Madrid hemos amanecido con un grado bajo cero. A pesar de que ha temnplado bastante, aùn la sensaciòn tèrmica es de frio.
Regresamos de Mòstoles ayer.
Hoy estaremos en casita descansando y protegièndonos del ambiente gèlido.
Disfruta de este domingo y que todo sea bonito para tì y los tuyos.
Besos.
Buenas noches Jose Luis.
Hoy aqui hacia sol, pero al salir a la calle, me quede helada, hacia mucho frio, este sol encañaba.
Feliz noche, y espero pasaras un feliz domingo
Un besoooooooooooooooooooooo
Buenas noches VICTORIA, por BARNA MUY BUEN TIEMPO por LA MANCHA NOS HELAMOS BESOS
Buenos dias Teo, aqui tenemos una bonita mañana de sol, eso si hace fresco
Feliz domingo y que lo disfrutes
Un abrazooooooooo
Buenos dias Victoria, aqui tambien tenemos sol pero de calor nada, y ademas hace un aire malo de verdad, asi que por hoy ya se ha terminado de pasar frio, he venido hace un rato pero por la sombra no se puede estar, pasa un feliz Domingo,
un abrazo y hasta otro rato,
Feliz noche Jose Luis,
Dia fresco, el que nos hizo hoy,
Un besooooooooooo y feliz descanso
Buenos dias, Victoria.
Por Madrid hemos amanecido con un grado bajo cero. A pesar de que ha temnplado bastante, aùn la sensaciòn tèrmica es de frio.
Regresamos de Mòstoles ayer.
Hoy estaremos en casita descansando y protegièndonos del ambiente gèlido.
Disfruta de este domingo y que todo sea bonito para tì y los tuyos.
Besos.
El colmo del aprovechamiento era la orina. Si había una vaca cerca, pues era sabido como les gustaba la sal a todos los animales de la casa, lo más adecuado era mearles en el morro y ver como se relamían de gusto. Esto lo aprendí del abuelo, que premiaba el esfuerzo de la pareja de vacas con este fluido corporal cuando era la hora de orinar. Lo malo era el susto que te llevabas cuando te rozaban con la lengua, pues era como auténtica lija.
Seguro que había más ejemplos que no recuerdo ahora, pero creo es suficiente para ilustrar el aprovechamiento que se hacía de todo. A los que creen que la leche y los huevos se obtienen de la nevera, seguramente algunos de los pasos que menciono les resultarán asquerosos. Y les doy la razón, pero todo eran alabanzas cuando mi abuela sacaba a la mesa los chorizos y lomo del último samartino.

Ahora los contenedores se usan para canalizar los muchos kilos que producimos a diario hacia el reciclaje o el vertedero. Antes, practicamente no se producía desperdicio alguno, todo se aprovechaba. Y los alimentos que se producían con aquel sistema encadenado de reciclado, todos estaban ricos. Seguro que Diógenes estaba más próximo a esta cultura en absoluto consumista y convencida de las ventajas de la reutilización, que a los hábitos de almacenar basura que los sicólogos modernos le atribuyen. ... (ver texto completo)
Las suelas de goma de las zapatillas o las cubiertas de las bicicletas, podían valer para actuar de bisagras en la cancela de la huerta. Yo recuerdo haber arreglado el piñón de la bicicleta con un trocito de suela de goma, en sustitución del muelle que se había roto. Y funcionaba. La ceniza de la cocina servía para los rosales o simplemente se añadía al abono. La leche que daban las vacas recién paridas, “culiestros” les llamábamos, no se podía usar para el consumo. Pero con ella se hacían los fisuelos ... (ver texto completo)
El colmo del aprovechamiento era la orina. Si había una vaca cerca, pues era sabido como les gustaba la sal a todos los animales de la casa, lo más adecuado era mearles en el morro y ver como se relamían de gusto. Esto lo aprendí del abuelo, que premiaba el esfuerzo de la pareja de vacas con este fluido corporal cuando era la hora de orinar. Lo malo era el susto que te llevabas cuando te rozaban con la lengua, pues era como auténtica lija.
El paradigma de la reutilización era el bote de puntas. No recuerdo haber utilizado una sola punta nueva en aquellos años. Cuando era necesario clavar algo, se cogía un enorme bote lleno de puntas dobladas y oxidadas, que se habían utilizado numerosas veces anteriormente, y la primera tarea era enderechar las puntas necesarias para el trabajo en cuestión. Sobándolas un poco en el cuero cabelludo para que entraran mejor en la madera, tal como había visto a hacer al carpintero, se conseguía utilizarlas ... (ver texto completo)
Las suelas de goma de las zapatillas o las cubiertas de las bicicletas, podían valer para actuar de bisagras en la cancela de la huerta. Yo recuerdo haber arreglado el piñón de la bicicleta con un trocito de suela de goma, en sustitución del muelle que se había roto. Y funcionaba. La ceniza de la cocina servía para los rosales o simplemente se añadía al abono. La leche que daban las vacas recién paridas, “culiestros” les llamábamos, no se podía usar para el consumo. Pero con ella se hacían los fisuelos ... (ver texto completo)
La ropa nunca eran suficientemente vieja, siempre había quien la aprovechara. Cuando dejaba de ser ropa, se convertía en trapos para limpiar y, finalmente, se cortaba en tiras que, cosiéndolas unas a otras, se usaban para confeccionar los literos que defendían los colchones de la aspereza de los somieres de lamas. No había trozo de cordel o de alambre, por pequeño que fuera, que no se guardara pues, en alguna ocasión, servirían para resolver un problema.
El paradigma de la reutilización era el bote de puntas. No recuerdo haber utilizado una sola punta nueva en aquellos años. Cuando era necesario clavar algo, se cogía un enorme bote lleno de puntas dobladas y oxidadas, que se habían utilizado numerosas veces anteriormente, y la primera tarea era enderechar las puntas necesarias para el trabajo en cuestión. Sobándolas un poco en el cuero cabelludo para que entraran mejor en la madera, tal como había visto a hacer al carpintero, se conseguía utilizarlas una vez más. Si se rompía una compuerta o cualquier cosa que tuviera clavos, con el martillo de orejas o las tenazas se sacaban todas las puntas que iban a parar, de nuevo, al bote de las puntas a la espera de que fueran necesarias. ... (ver texto completo)
Los huesos que no se comía el perro se guardaban y los utilizaba la abuela, junto con desperdicios de grasa y algo de sosa cáustica, para hacer una pasta que volcaba en un bastidor de madera y que, cortada en bloques, se transformaba en un jabón áspero, pero eficaz, que las mujeres usaban para lavar la ropa en el río. Las alas de las gallinas que nos comíamos en pepitoria, provistas de todas sus plumas, se usaban como escobilla en el horno de cocer el pan para eliminar la ceniza más fina.

Se guardaban ... (ver texto completo)
La ropa nunca eran suficientemente vieja, siempre había quien la aprovechara. Cuando dejaba de ser ropa, se convertía en trapos para limpiar y, finalmente, se cortaba en tiras que, cosiéndolas unas a otras, se usaban para confeccionar los literos que defendían los colchones de la aspereza de los somieres de lamas. No había trozo de cordel o de alambre, por pequeño que fuera, que no se guardara pues, en alguna ocasión, servirían para resolver un problema.
Cualquier desperdicio de comida de las personas, las mondas de las patatas y otras sobras, iban a parar al cubo de la comida de los cerdos o del perro. Los cerdos eran un eslabón importante en el reaprovechamiento de los desperdicios de la casa. Incluso de los desperdicios ajenos. Si al pasar por delante de casa una caballería nos dejaba la ofrenda de sus perfectos ovoides, gritábamos “ ¡caballunas!” y alguien salía corriendo a por una lata dedicada a este menester y, ayudándose con un palito, metía ... (ver texto completo)
Los huesos que no se comía el perro se guardaban y los utilizaba la abuela, junto con desperdicios de grasa y algo de sosa cáustica, para hacer una pasta que volcaba en un bastidor de madera y que, cortada en bloques, se transformaba en un jabón áspero, pero eficaz, que las mujeres usaban para lavar la ropa en el río. Las alas de las gallinas que nos comíamos en pepitoria, provistas de todas sus plumas, se usaban como escobilla en el horno de cocer el pan para eliminar la ceniza más fina.

Se guardaban ... (ver texto completo)
Hoy en día tenemos las ciudades llenas de contenedores para recuperar el papel y el vidrio, y en casa tenemos varios recipientes para separar la basura que producimos y, así, facilitar su reciclado.

En la Vegarienza de los años cincuenta del siglo veinte, nadie hablaba de reciclar, pero estaba instaurada una cultura estricta de la reutilización. En casa de mis abuelos aprendí a no despilfarrar. En aquella economía de lo escaso o de lo indispensable, no se desperdiciaba nada. Casi no se tiraba ... (ver texto completo)
Cualquier desperdicio de comida de las personas, las mondas de las patatas y otras sobras, iban a parar al cubo de la comida de los cerdos o del perro. Los cerdos eran un eslabón importante en el reaprovechamiento de los desperdicios de la casa. Incluso de los desperdicios ajenos. Si al pasar por delante de casa una caballería nos dejaba la ofrenda de sus perfectos ovoides, gritábamos “ ¡caballunas!” y alguien salía corriendo a por una lata dedicada a este menester y, ayudándose con un palito, metía ... (ver texto completo)
Hoy en día tenemos las ciudades llenas de contenedores para recuperar el papel y el vidrio, y en casa tenemos varios recipientes para separar la basura que producimos y, así, facilitar su reciclado.

En la Vegarienza de los años cincuenta del siglo veinte, nadie hablaba de reciclar, pero estaba instaurada una cultura estricta de la reutilización. En casa de mis abuelos aprendí a no despilfarrar. En aquella economía de lo escaso o de lo indispensable, no se desperdiciaba nada. Casi no se tiraba ... (ver texto completo)
Dicen las malas lenguas que se dirigió a Cornombre, donde había otro lobo soltero a quién engañar y cuentan las leyendas que siguió haciendo de las suyas.

Del pobre lobo nunca más se supo, la última vez que lo vieron fué en Villaceid, pero ya era muy viejo, no tenía casi dientes, estaba sordo, veía muy mal y cuentan que vivía de la caridad cristiana.

(DEDICADO A NUESTROS ANTEPASADOS QUE NOS LEGARON ESTAS MARAVILLOSAS HISTORIAS)
LA ZORRA “MARUXIÑA” Y EL LOBO “XUAN”
Érase una vez una zorra que se llamaba Marusiña y un lobo que se llamaba Xuán, tenían la guarida en el monte de “Valdelablano” término municipal de Garueña, limítrofe con el de Sosas del Cumbral y Villapán y ejercían sus fechorías por toda “la redonda”.
El año de caza era muy malo, ambos tenían solo el pellejo y se les marcaban todas las costillas y decidieron unirse para cazar a ver si así pintaban mejor las cosas y podían llevarse algo caliente a la boca, ... (ver texto completo)
Mientras la mujer estaba fuera, el lobo oyó que en la cocina había un gatito y le dijo

- Ábreme el saco, gatito, y te daré chorizo

Y el gato, que estaba hambriento, le abrió el saco. El lobo, metió en el saco los cacharros de la cocina y volvió a atar el saco. Después se fue corriendo para que no le encontraran cuando volviesen todos.

Cuando la mujer volvió con varios hombres que traían unos garrotes muy grandes, les señaló el saco y les dijo

- Darle una buena paliza, para que no vuelva ... (ver texto completo)
Parar ya que debe estar casi muerto y con todos los huesos rotos.

Cual no sería su sorpresa cuando abrió el saco y vio todos sus cacharros destrozados. La pobre mujer se quedó sin cabras y sin cacharros.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

(Seguramente, las cosas sucedieron casi tal como las recuerdo. De las sensaciones no tengo duda.)