Ha llegado el
verano a los
pueblos de
casas cerradas, de silencios encadenados en las
calles vacías, de miradas rotas buscando otros ojos.
El aire suena a
música orquestada por golondrinas, aviones y vencejos; no tienen director, no les hace falta, cada cual conoce bien su partitura, son verdaderos maestros en su
arte de jugar con el aire y vivir en el aire.
Ahora las calles están despiertas y sonríen con las pisadas de niños corretones, van muchachas de piernas largas, sonrisas explosivas
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