Envolvían las palabras de la joven clarisa el reluciente oro de la calabaza mientras explicaba - deteniéndose de vez en cuando en la observación de que trasmitía lo aprendido por tradición oral- las conjeturas que sobre el peregrino portador de la reliquia habían hecho las personas de toda condición. Lo de la sirena y el mar, (había dicho el sabio capellán del convento), eran cosas tomadas de Plotino y que estuvieron de moda durante mucho tiempo en la iglesia. La persona del enigmático peregrino, ... (ver texto completo)