En ocasiones las invectivas van dirigidas a los amos, alcanzando tonos de gran dureza y profunda emotividad:
"Cuando mi hijo hace diez años
lo enseñan a trabajar
para que el hijo del amo
se empiece a desarrollar" (24).
No es necesario ningún comentario. Tampoco en este ejemplo que sigue:
"Si cuatro pillos supieran
lo que cuesta el trabajar
no abusarían del pobre
ni tampoco del jornal" (25).
Sólo queda la solución de encomendarse al cielo, a alguien que, desde lo alto, pueda echar una mano a los que sufren en la tierra:
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