VIII

¡Oh, mil veces bendita
la inmensa fuerza de la mente humana,
que así el ramblizo como el monte allana,
y al mundo echando su nivel, lo mismo
los picos de las rocas decapita,
que levanta la tierra,
formando un terraplén sobre un abismo
que llena con pedazos de una sierra! ... (ver texto completo)
VII

Las cosas que miramos,
se vuelven hacia atrás en el instante
que nosotros pasamos;
y, conforme va el tren hacia adelante,
parece que desandan lo que andamos:
y a sus puestos volviéndose, huyen y huyen
en raudo movimiento,
los postes del telégrafo, clavados ... (ver texto completo)
IV

Marcha el tren tan seguido, tan seguido,
como aquel que patina por el hielo;
y en confusión extraña,
parecen confundidos tierra y cielo,
una mezcla de sueño y de montaña,
pues cruza de horizonte en horizonte
por la cumbre y el llano,
ya la cresta granítica de un monte, ... (ver texto completo)
V

Como en amor es credo
o artículo de fe que yo proclamo,
que en este mundo de pasión y olvido,
o se oye conjugar el verbo te amo,
o la vida mejor no importa un bledo;
aunque entonces, como hombre arrepentido,
el ver a una mujer me daba miedo,
más bien desesperado que atrevido,
- Y ¿un nuevo amor- la pregunté amoroso,
-no os haría olvidar viejos amores?-
Mas ella, sin dar tregua a sus dolores,
contestó con acento cariñoso:
- La tierra está cansada de dar flores;
necesito algún año de reposo.- ... (ver texto completo)
IV

Y porque así sus penas distraía,
las mías le conté con alegría,
y un cuento amontoné sobre otro cuento,
mientras ella, abstrayéndose, veía
las gradaciones de color que hacía
la luz descomponiéndose en el viento.
Y haciendo yo castillos en el aire,
o, como dicen ellos, en España, ... (ver texto completo)
III

Más ciego cada vez por la hermosura
de la mujer aquella,
al fin la hablé con la mayor ternura,
a pesar de mis muchos desengaños;
porque al viajar en tren con una bella
va, aunque un poco al azar y a la aventura
muy deprisa el amor a los treinta años.
Y- ¿dónde vais ahora?- ... (ver texto completo)
II

El humo en ondulante movimiento
dividiéndose a un lado y a otro lado,
se tiende por el viento
cual la crin de un caballo desbocado.
Ayer era otra Fauna, hoy otra Flora:
verdura y aridez, calor y frío;
andar tantos kilómetros por hora
causa al alma el mareo del vacío; ... (ver texto completo)
Canto segundo
El día

I

Y continuando la infeliz historia,
que aún vaga, como un sueño, en mi memoria,
veo al fin a la luz de la alborada
que el rubio de oro de su pelo brilla
cual la paja de trigo calcinada ... (ver texto completo)
IX

De pronto, atronadora,
entre un humo que surcan llamaradas,
despide la feroz locomotora
un torrente de notas aflautadas,
para anunciar, al despuntar la aurora,
una estación, que en feria convertía
el vulgo con su eterna gritería,
la cual, susurradora y esplendente, ... (ver texto completo)
VIII

¡De la sombra y el fuego al claro-oscuro
brotaban perspectivas espantosas,
y me hacía el efecto de un conjuro
el ver reverberar en cada muro
de la sombra las danzas misteriosas!...
¡La joven, que acostada traslucía
con su aspecto ideal, su aire sencillo,
y que, más que mujer, me parecía ... (ver texto completo)
VII

Como el tren no corría, que volaba,
era tan vivo el viento, era tan frío,
que el aire parecía que cortaba;
así el lector no extrañará que, tierno,
cuidase de su bien más que del mío,
pues hacía un gran frío, tan gran frío,
que echó al lobo del bosque aquel invierno.
Y cuando ella doliente, ... (ver texto completo)
VI

- ¿Vais muy lejos?- con voz ya conmovida
la pregunté a mi joven compañera.
- ¡Muy lejos,- contestó- voy decidida
a morir a un lugar de la frontera!-
Y se quedó, pensando en lo futuro,
su mirada en el aire distraída,
cual se mira en la noche un sitio oscuro
donde fue una visión desvanecida. ... (ver texto completo)
V

¡Cosa rara! Entre tanto,
al lado de mujer tan seductora
no podía dormir, siendo yo un santo
que duerme, cuando no ama, a cualquier hora.
Mil veces intenté quedar dormido,
mas fue inútil empeño:
admiraba a la joven, y es sabido
que a mí la admiración me quita el sueño. ... (ver texto completo)
IV

Caminar entre sombras, es lo mismo
que dar vueltas por sendas mal seguras
en el fondo de un pozo del abismo.
Juntando a la verdad mil conjeturas,
veía allá a lo lejos desde el coche
agitarse sin fin cosas oscuras,
y en torno, cien especies de negruras
tomadas de cien partes de la noche. ... (ver texto completo)
III

Cuando miraba atento
aquel tren que corría como el viento,
con sonrisa impregnada de amargura,
me preguntó la joven con dulzura:
- ¿Sois español?- y a su armonioso acento,
tan armonioso y puro, que aún ahora
el recordarlo sólo me embelesa,
- Soy español,- le dije;- ¿y vos, señora? ... (ver texto completo)