La semana pasada fui invitado por un
amigo, en un
pueblo de la provincia de
Soria, a la
fiesta de la
matanza del
cerdo. Había mucha gente de otros
pueblos y la verdad es que lo pasamos muy bien. Me hizo recordar años de la niñez como cuando se chamuscaba al cerdo muerto, en medio de la
calle, con paja de centeno (en aquella época aún no existía el butano), nos comíamos el rabo y parte de las orejas bien chamuscadas o cuando una vez abierto, nos daban la vejiga para jugar etc. etc. No se podría hacer,
... (ver texto completo)