Nos quedamos a veces detenidos en medio de una calle, de una palabra o de un beso, con los ojos inmóviles, como dos largos vasos de agua solitaria, con la vida inmóvil, y las manos quietas entre un gesto y el que hubiera seguido, como si no estuvieran ya en ninguna parte. Nuestros recuerdos son entonces de otro, a quien apenas recordamos. Es como si prestásemos la vida por un rato, sin la seguridad de que nos va a ser devuelta y sin que nadie nos la haya pedido, pero sabiendo que es usada Para algo ... (ver texto completo)