Nuevamente te digo.
Rosa, una
noche, cuando las estrellas se volvían tristes
Y mi alma estaba ya cansada, salí hacia tí y te ví con la vista clavada
En las estrellas y ellas te sonreían. Son las estrellas de Castilla, Rosa y entonces supe que la vivienda del alma es tu espacio, y que la paz se encuentra en tu paz y la
felicidad en el dorado polvo que las estrellas castellanas esparcen sobre tu cuerpo cuando las miras de noche.
El Califa.