Es evidente que no iba yo tan desencaminado. Aún quedan personajes capaces de justificar lo injustificable, alabando a un señor que traicionó el movimiento político (la falange) que lo apoyó en su golpe de estado, que desencadenó una guerra civil por decisiones tácticas basadas en objetivos no militares (toma del Alcázar), que no le temblaba la mano al firmar sentencias de muerte mientras tomaba chocolate, que creó una red de campos de concentración, que consintió en negociar una paz cuando los republicanos ... (ver texto completo)