Cuando contemplo el
cielo
De innumerables luces adornado,
Y miro hacia el suelo,
De
noche rodeado,
En sueño y en olvido sepultado,
el amor y la pena
Despiertan en mi pecho un ansia ardiente;
Despiden larga vena
Los ojos hechos
fuente;
La lengua dice al fin con voz doliente:
«Morada de grandeza,
Templo de claridad y de hermosura:
Mi alma que a tu alteza
Nació, ¿qué desventura
La tiene en esta cárcel, baja, oscura?
«¿Qué mortal desatino
De la verdad aleja ansí el sentido,
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