desciende a poner su cuidado y sus manos, ella por sí misma, no sólo en la obra de un vil gusano, sino también en que se conserve y que viva, y matiza con mil graciosos
colores sus plumas al pájaro, y viste de verde hoja los
árboles; y eso mismo que nosotros, despreciando, hollamos, los prados y el
campo, aquella majestad no se desdeña de irlo pintando con yerbas y
flores. Por donde con voces llenas de alabanza y de admiración le dice David: « ¿Quién es como nuestro Dios, que mora en las alturas,
... (ver texto completo)