El mombre de la muy noble Villa de
Ocaña no lo manchan los que quieren a su
pueblo, por quejarse de las gravísimas y atroces actuaciones urbanisticas malayas.
Los que ensucian el mombre de ésta Muy Leal son los constructores que campan a sus anchas, mandan más que nadie en el
ayuntamiento, no respetan nuestro milenario casco, y por supuesto, lo terminan de enguarrinar quienes lo consienten.