El Papa agradeció de todo corazón «el amor y el trabajo» de todos los que le han ayudado en su tarea y, en otro gesto de grandeza, pidió «perdón por todos mis defectos». Sus últimas palabras fueron para confiar la
Iglesia «al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo» y suplicar «a María, su
Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice». A partir del uno de marzo, concluyó, «quisiera servir de todo corazón a la santa Iglesia de
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