El uno se llamaba fray
León, el otro fray Lorenzo de
Rapariegos que florecía en tiempo de Enrique IV. Había allí una
capilla de
san Blas fundada por Nuño Verdugo, de quien se cuenta, que habiendo muerto en riña al yerno por verle maltratar a su hija, se escapó milagrosamente de la venganza de los hermanos del difunto que cabe una
fuente le aguardaban, transformándose a los ojos de ellos en un fraile francisco a cuyos pies se postraron preguntándole por el mismo a quien buscaban; reconocido a tan
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