Hasta la segunda mitad del siglo XX los métodos del trabajo agrícola apenas habían evolucionado. Se usaba el arado
romano, que se mejoró con la vertedera, la siembra y el abonado se hacían a mano, se segaba con falz o con dalla, y si el sembrado era claro o malo a “ranquete”. La jada era el utensilio para todas las faenas de la
huerta.
A partir de 1955, y precedido de un breve tiempo en que se empleaban máquinas segadoras, engavilladoras y aventadoras, se mecanizó de manera rápida la
agricultura,
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