Domingo 3 de agosto 2008-08-04
Arranco el motor del coche. Es hora de regresar a Madrid. Al frente, un atardecer magnífico. Una paleta de naranjas, malvas y oro iluminan un cielo bañado de nubes de algodón. Atrás, un pueblo que todavía descansa del festejo del día anterior y que tardará en salir a disfrutar de un paseo debido al calor sofocante que a estas horas todavía persiste. Mientras circulo entre los campos de girasoles ya crecidos y bañados por esa luz especial que anuncia la noche, voy ... (ver texto completo)
Arranco el motor del coche. Es hora de regresar a Madrid. Al frente, un atardecer magnífico. Una paleta de naranjas, malvas y oro iluminan un cielo bañado de nubes de algodón. Atrás, un pueblo que todavía descansa del festejo del día anterior y que tardará en salir a disfrutar de un paseo debido al calor sofocante que a estas horas todavía persiste. Mientras circulo entre los campos de girasoles ya crecidos y bañados por esa luz especial que anuncia la noche, voy ... (ver texto completo)