El hombre de Dios resistió con vigor, llegando al punto de pedir permiso para abandonar la nave en alta
mar y volver a
Barcelona. El rey negó su autorización a tamaña "locura", la que para el
santo parecía cosa sencilla, dado que Jesús vino a sus discípulos "caminando sobre el mar" (Mt 14 25). Confiado en Dios, le dijo al monarca:
-Un rey de la tierra me cierra el paso, pero el Rey del
Cielo ha de abrirme un
camino mejor. O dicho de otro modo, ¡él mismo es mi camino!