Después de la muerte del rey Sancho, ocurrida el año 967. Sisnando se evadió de la prisión y, en la
noche de
Navidad, atacó a Rosendo y le amenazó de muerte si no abandonaba la diócesis. El
santo no opuso resistencia, y se retiró al
monasterio de
San Juan de Caveiro, que él mismo había fundado. Allí permaneció hasta que, en una visión, recibió la orden de ir a fundar otra abadía en el sitio que le sería mostrado. Para gran gozo suyo, fue conducido al
valle de Villar, que pertenecía a sus antepasados.
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