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Redondilla

Pasaron con sus prisas
Cuando el sol se ponía
Aquel mago componía
Aguantando las brisas.
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Redondilla

La ternura en la flor
Nos hace más sensible
A no ser comestible
como una coliflor.
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Décima o espinela

En una encrucijada:
Atrapado me hallo
Dando todo el callo
Con mente despejada,
La nariz destapada:
Abriéndome el ojo
Me pincho el abrojo,
Llegue amortiguarlo
Queriendo arreglarlo,
Al dolor me acojo. ... (ver texto completo)
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En una encrucijada
Atrapado me hallo
Dando todo el callo
Con mente despejada
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Un poemas para una leyenda
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San Juan del Castillo hoy venerado en los altares, hijo natural de Belmonte de Cuenca
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Fuertes columnas
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Aun poema
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Juventudes del pasado
Con el tiempo se convirtió en una de las santas españolas más venerada.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!
El juez pagano mandó que la destrozaran golpeándola con varillas de hierro y que sobre sus heridas colocaran antorchas encendidas. La hermosa cabellera de Eulalia se incendió y la jovencita murió quemada y ahogada por el humo.
Eulalia convenció al ama de llaves para que le dejara salir. Salieron las dos juntas ante el gobernador. Le reprocharon su crueldad. En seguida mandó martirizar primero a Julia, la empleada, y a continuación a Eulalia.
El gobernador romano tenía la orden de que todo aquel cristiano que no quemase incienso a los dioses, iría derecho a la muerte.
Los padres querían impedir a toda costa que muriese. Para ello, la encerraron en un castillo. El único que podía verla era el sacerdote Félix y la ama de llaves.
Ella, no solamente no le tenía miedo a la muerte, sino que incluso deseaba ser mártir por amor a Cristo. Desde luego, la admiración cuando se estudia todo esto a tantos siglos de distancia, es extraordinaria.