Así que no es obra de naturaleza ésta, mas es muy conforme a ella y a lo que naturalmente acontece a los cuerpos cuando entre sí mismos se ayuntan. Y si por entrar la carne de Cristo en el pecho no limpio ni convenientemente dispuesto, como ahora decía, justamente se le destempla la salud corporal a quien así le recibe, cuando, por el contrario, estuviere bien dispuesto el que le recibiere, ¿cómo no será justo que con maravillosa virtud no sólo le santifique el alma, mas también con la abundancia ... (ver texto completo)
Y no quiero decir que esta es obra de naturaleza, ni digo que es virtud que naturalmente obra la que acondiciona nuestro cuerpo y le asemeja al cuerpo de Cristo, porque, si fuese así, siempre y con todos aquellos a quienes tocase sucedería lo mismo; mas no es con todos así, como parece en aquellos que le reciben indignos. En los cuales, el pasar atrevidamente a sus pechos sucios el cuerpo santísimo de Jesucristo, demás de los daños del alma, les es causa en el cuerpo de malos accidentes y de enfermedades, ... (ver texto completo)
Y si en esto no hay que probar, por ser manifiesto, como, Juliano, decís, ¿cómo puede ser oscuro o dudoso lo segundo que propuse, y que después de esto se sigue? Un guante oloroso traído por un breve tiempo en la mano, pone un buen olor en ella, y, apartado de ella, lo deja allí puesto; y la carne de Cristo, virtuosísima y eficacísima, estando ayuntada con nuestro cuerpo e hinchiendo de gracia nuestra alma, ¿no comunicará su virtud a nuestra carne? ¿Qué cuerpo estando junto a otro cuerpo no le comunica ... (ver texto completo)
Son un cuerpo de república y de pueblo mil hombres en linaje extraños, en condiciones diversos, en oficios diferentes, y en voluntades e intentos contrarios entre sí mismos, porque los ciñe un muro y porque los gobierna una ley; y dos carnes tan juntas, que traspasa, por medio de la gracia, mucho de su virtud y de su propiedad la una en la otra, y casi la embebe en sí misma, ¿no serán dichas ser una?
Y para traer a comparación lo que más vecino es y más semejante, ¿no dice a boca llena San Pablo que el que se ayunta con Dios se hace un espíritu con Él? Y ¿no es cosa cierta que el ayuntarse con Dios el hombre no es cosa sino recibir en su alma la virtud de la gracia, que, como ya tenemos dicho otras veces, es una cualidad celestial que, puesta en el alma, pone en ella mucho de las condiciones de Dios y la figura muy a su semejanza? Pues si al espíritu de Dios y al nuestro espíritu los dice ser ... (ver texto completo)
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-Es conveniente -respondió Marcelo- y conforme a razón, y recibido en el uso común de los que bien sienten y hablan. De dos, cuando mucho se aman, ¿por ventura no decimos que son uno mismo, y no por más de porque se conforman en la voluntad y querer? Luego si nuestra carne se despojare de sus cualidades, y vistiere de las condiciones de la carne de Cristo, serán como una ella y la carne de Cristo, y demás de muchas otras razones, será también por esta razón carne de Cristo la nuestra, y como parte ... (ver texto completo)
-Si vos probáis eso, Marcelo -respondió Juliano-, no quedará lugar de dudar, porque, si una grande semejanza es bastante para que se digan ser unos lo que son dos, y si la carne de Cristo, tocando a la nuestra, la asemeja mucho a sí misma, clara cosa es que se puede decir con verdad que por medio de este tocamiento venimos a ser con Él un cuerpo y una carne. Y a lo que a mí me parece, Marcelo, en la primera de esas dos cosas propuestas no tenéis mucho que trabajar ni probar, porque cosa razonable ... (ver texto completo)
Y Marcelo, callando un poco, respondió luego de esta manera:
-Quedará muy entendido si yo, Juliano, hiciere ahora clara la verdad de dos cosas: la primera, que para que se diga con verdad que dos cosas son una misma, basta que sean muy semejantes entre sí; la segunda, que la carne de Cristo, tocando a la carne del que le recibe dignamente en el Sacramento, por medio de la gracia que produce en el alma, hace en cierta manera semejante nuestra carne a la suya.
-No lo son, sin duda -dijo Marcelo entonces-, ni menos es un cuerpo y una carne la de Cristo y la nuestra, solamente porque se tocan cuando recibimos su cuerpo, ni los santos por sólo ese tocamiento ponen esta unidad de cuerpos entre Él y nosotros, que los pecadores que indignamente le reciben también se tocan con Él, sino porque, tocándose ambos por razón de haber recibido dignamente la carne de Cristo, y por medio de la gracia que se da por ella, viene nuestra carne a remedar en algo a la de Cristo, ... (ver texto completo)
Lo que ahora, Marcelo, os conviene decir, si nos queréis satisfacer, o, por mejor decir, si deseáis satisfacer al sujeto que habéis tomado y a la verdad de las cosas, es declarar cómo por sólo que se toque una carne con otra, y sólo porque el un cuerpo con el otro cuerpo se toquen, se puede decir con verdad que son ambos cuerpos un cuerpo y ambas carnes una misma carne, como las sagradas Letras y los santos doctores, que así las entienden, lo dicen. ¿Por ventura no toco yo ahora con mi mano a la ... (ver texto completo)
Aquí Juliano, asiendo de la mano a Marcelo, le dijo:
-No os canséis en eso, Marcelo, que lo mismo que dicen Teodoreto y Crisóstomo, cuyas palabras nos habéis referido, lo dicen por la misma manera casi toda la antigüedad de los Santos, San Ireneo, San Hilario, San Cipriano, San Agustín, Tertuliano, Ignacio, Gregorio Niseno, Cirilo, León, Focio y Teofilacto. Porque así como es cosa notoria a los fieles que la carne de Cristo, debajo de los accidentes de la hostia recibida por los cristianos, y pasada ... (ver texto completo)
Y San Crisóstomo dice más larga y más claramente lo mismo: «Somos, dice, un cuerpo y somos miembros suyos, hechos de su carne y hechos de sus huesos. Y no sólo por medio del amor somos uno con Él, mas realmente nos ayunta y como convierte en su carne por medio del manjar de que nos ha hecho merced. Porque, como quisiese declararnos su amor, enlazó y como mezcló con su cuerpo el nuestro, e hizo que todo fuese uno, para que así quedase el cuerpo unido con su cabeza, lo cual es muy propio de los que ... (ver texto completo)
De lo cual se concluye que, así como por razón de aquel tocamiento son dichos ser una carne Eva y Adán, así, y con mayor razón de verdad, Cristo, Esposo fiel de su Iglesia, y ella, esposa querida y amada suya por razón de este ayuntamiento que entre ellos se celebra, cuando reciben los fieles dignamente en la hostia su carne, son una carne y un cuerpo entre sí. Bien y brevemente Teodoreto, sobre el principio de los Cantares y sobre aquellas palabras de ellos: «Béseme de besos de su boca», en este ... (ver texto completo)
Y a este ayuntamiento real y verdadero de su cuerpo y el nuestro, miran también claramente aquellas palabras de Cristo: «Si no comiereis mi carne y bebiereis mi sangre, no tendréis vida en vosotros.» Y luego, o en el mismo lugar: «El que come mi carne y bebe mi sangre, queda en Mí, y Yo en él.» Y ni más ni menos lo que dice San Pablo: «Todos somos un cuerpo los que participamos de un mismo mantenimiento.»
. «Y serán, dice, dos en una carne. Gran Sacramento es éste, pero entiéndolo yo de Cristo y de la Iglesia.» No niega San Pablo decirse con verdad de Eva y de Adán aquello: «Y serán una carne los dos», de los cuales al principio se dijo, pero dice que aquella verdad fue semejanza de este otro hecho secreto, y dice que en aquello la razón de ello era manifiesta y descubierta razón, mas aquí dice que es oculto misterio.