-No lo son, sin duda -dijo Marcelo entonces-, ni menos es un cuerpo y una carne la de Cristo y la nuestra, solamente porque se tocan cuando recibimos su cuerpo, ni los santos por sólo ese tocamiento ponen esta unidad de cuerpos entre Él y nosotros, que los pecadores que indignamente le reciben también se tocan con Él, sino porque, tocándose ambos por razón de haber recibido dignamente la carne de Cristo, y por medio de la gracia que se da por ella, viene nuestra carne a remedar en algo a la de Cristo, haciéndosele semejante.
-Eso -dijo Juliano entonces, dejando a Marcelo- nos dad más a entender.
-Eso -dijo Juliano entonces, dejando a Marcelo- nos dad más a entender.