Después de haber salido por tercera vez del
convento, Teresa se consagró enteramente a la instrucción religiosa de las niñas en una pequeña
casa llamada Gromo, que pronto se convirtió en la semilla de la nueva congregación religiosa que había de fundar. Antonia, su hermana y otras dos jóvenes, se le unieron al poco tiempo. Las cuatro hicieron la profesión de votos simples ante el canónigo Benaglio, quien las destinó a la enseñanza de la
juventud. La vida de la nueva comunidad era muy austera, con
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