Los criados que partieron en busca de la antigua reina, la bañaron en agua perfumada, la peinaron con el mayor cuidado, la vistieron con trajes magníficos y al fin le acompañaron ante el príncipe, quien inclinándose ante ella la saludó con estas palabras:
- ¿No falta la hija de vuestro jardinero, que en un tiempo fue vuestra esposa? -siguió preguntando el joven, a quien Katar había enterado de su historia.
-En efecto, me olvidé de invitarla -dijo el rey, ordenando enseguida que fueran a buscarla en su mejor palanquín.
El Rajá, enterado de la visita del yerno del rey de Calcuta, preparó una fiesta muy grande, a la que fue invitado todo el mundo.
Cuando el príncipe de la luna en la frente y la estrella en la barbilla fue recibido con toda pompa, y cuando él y su esposa entraron en la sala del festín, todos los cortesanos y el pueblo se levantaron en señal de admiración, ya que la belleza de ambos esposos era enorme.
- ¿Está todo el pueblo aquí? -preguntó el príncipe.
-Todo -contestó el Rajá.
El Rajá de Calcuta entregó su hija al vencedor, y al día siguiente se celebraron los esponsales, que fueron los más brillantes que se habían celebrado en la ciudad. Tres meses duraron las fiestas, y cuando hubieron terminado, el príncipe y su esposa fueron a visitar al padre del joven.
El árabe poseía un hacha mágica y como la espada del príncipe también lo era, la lucha estaba completamente igualada. Fue Katar quien lo solucionó, derribando al caballo del árabe de un fuerte mordisco.
para ti milagros y todos los alconcheleros que vuestras inquietudes se vean cumplidas este año. alejandro
Vaya, han pasado más de dos años para que haya podido leer, y por casualidad y curiosidad, este mensaje en el que Valencia escribía deseando que en el 2015 se vieran cumplidas mis inquietudes, así como las de todos los alconcheleros.
Muchas gracias, con "un poco " de retraso, Valencia; te deseo lo mismo para este 2017 y muchos saludos desde Barcelona
Empezó ésta, entre trescientos príncipes de todas las regiones de la India, y hasta de Egipto y Arabia. La espada del joven hacía maravillas, y pronto tuvo derribados a más de treinta enemigos. Al fin sólo quedaron dos, un gigantesco árabe y el príncipe de la luna en la frente y la estrella en la barbilla.
-No temas -le dijo el caballo-. La espada que llevas al cinto está encantada, y con ella ganarás a todos los enemigos que se pongan ante ti.
Al entrar en el palenque donde debía celebrarse la justa, el príncipe de la luna en la frente y la estrella en la barbilla, causó verdadera sensación, sobre todo en la princesa Armina, que enseguida quedó enamorada de él, y deseó con toda su alma que fuese el vencedor en la lucha.
- ¿Qué ocurre? -preguntó el príncipe.
-Esta es la ciudad de Calcuta, la más hermosa de la India -contestó Katar-. Te he traído aquí para que tomes parte en el gran torneo que se celebrará. El ganador obtendrá la mano de la princesa Armina, la más bella entre las bellas.
-Pero yo no sé luchar -replicó el príncipe.
Como el mismo rey había sido burlado no les castigó, y para evitarse la vergüenza de la derrota, no dijo nada a sus mujeres, que respiraron tranquilas, creyendo muerto al príncipe.
Mas éste no estaba muerto, sino que cabalgaba sobre Katar, brillando al sol su armadura, y golpeándole las piernas la hermosa espada.
Días y días cabalgó sin descansar, hasta que al fin Katar se detuvo a las puertas de una rica ciudad, a la que afluían gran número de personas.
-Entra en ese cuarto de la derecha y en él encontrarás una silla de montar que me pondrás enseguida. También encontrarás un traje de príncipe y una armadura de oro. Son para ti.
El príncipe entró en la habitación indicada y ensilló el caballo, poniéndose él el traje y la armadura, que Katar le había regalado, creándolos gracias a su magia.
Fuera de las cuadras, el Rajá había ordenado formar a todo su ejército, pero antes de que los soldados pudieran poner las flechas en los arcos, se abrió la puerta ... (ver texto completo)
Él mismo se armó de un arco, para tomar parte en la ejecución.
Pero Katar, como ya hemos dicho, era un caballo mágico, y cuando oyó llegar a los soldados comprendió a lo que iban. Sacando al príncipe, le dijo:
-No temáis -las tranquilizó el Rajá-. Mañana mismo haré matar a Katar.
Como el caballo era muy fiero, el rey no se atrevía a hacerlo matar por un hombre solo, y por ello mandó formar a todos sus soldados, ordenándoles que lanzaran sus flechas contra el caballo en cuanto éste saliera de la cuadra.
Estas creyeron morir del susto. El príncipe que ellas creían muerto volvía a resucitar; y como temían por sus cabezas, corrieron al Rajá, después de desgarrar sus vestiduras, y le dijeron:
-Vuestro caballo Katar ha irrumpido en nuestras habitaciones y nos ha destrozado las ropas. Desde hoy no podremos comer en paz. Siempre temeremos ser destrozadas por ese salvaje animal.
Cinco años guardó Katar el príncipe de la luna en la frente y la estrella en la barbilla. Cada seis meses lo sacaba de su estómago para recrearse con su vista, y en una de estas ocasiones, fue visto por el palafrenero mayor de palacio, quien, lleno de miedo, comunicó su descubrimiento a las cuatro reinas.