-Pobre diablo, -gritó el viejo- pronto sabrás lo que es tener miedo, porque vas a morir.
-No tan deprisa -respondió el muchacho-, que yo tendré algo que decir en eso de que voy a morir.
-Pronto acabaré contigo -dijo el demonio.
-Tómatelo con calma y no digas bravuconadas que soy tan fuerte como tú o quizá más.
-Lo comprobaremos -dijo el viejo-. Si eres más fuerte, te dejaré ir. Ven y lo comprobaremos.
-No puedo aprender a tener miedo -dijo el muchacho-. Nunca en mi vida aprenderé.
Un hombre más alto que los demás entró y tenía un aspecto terrible. Era viejo y tenía una larga barba blanca.
El joven le dijo: - ¿Ves primo como te he hecho entrar en calor?
Sin embargo el cadáver se levantó y dijo: -Te estrangularé.
- ¿Cómo?, -dijo el joven- ¿Así me lo agradeces? Pues te vas a ir a tu ataúd ahora mismo.
Y lo cogió en volandas, lo tiró al ataúd y cerró la tapa. Entonces los seis hombres vinieron y se llevaron el ataúd.
Pusieron el ataúd en el suelo, abrieron la tapa y se vio un cadáver tumbado en su interior. El joven le tocó la cara pero estaba fría como el hielo. -Espera, -dijo- te calentaré un poco -se fue al fuego, se calentó las manos y las puso en la cara del difunto, pero esta continuó fría. Lo sacó del ataúd, lo sentó junto al fuego y lo apoyó en su pecho frotándole los brazos para que la sangre circulara de nuevo. Como esto tampoco funcionaba, pensó: "cuando dos personas se meten en la cama se dan calor ... (ver texto completo)
La tercera noche se sentó en su banco y entristecido dijo: -Si pudiera tener miedo...
Cuando se hizo tarde, seis hombres muy altos entraron trayendo consigo un ataúd. Le dijeron al joven:
-Ja, ja, ja. Es mi primo, que murió hace unos días -y llamó con los nudillos en el ataúd- Sal, primo, sal.
Cogió las calaveras, las puso en el torno y las redondeó. -Así, -dijo- ahora rodarán mucho mejor.
-Hurra, -dijeron los hombres- ahora nos divertiremos.
Jugó con ellos y perdió algo de dinero, pero cuando dieron las doce todo desapareció de su vista. Se acostó y se quedó dormido. A la mañana siguiente el rey fue a ver cómo estaba: - ¿Cómo te ha ido esta vez? -le preguntó.
-He estado jugando a los bolos, -respondió- y he perdido un par de monedas.
-Entonces, ¿no has tenido miedo? -preguntó el rey.
- ¿Qué? -dijo-. Si me lo he pasado estupendamente. He hecho de todo menos saber lo que es tener miedo. ... (ver texto completo)
-Si tienes dinero, sí -respondieron ellos.
-Sí que lo tengo -respondió-. Pero vuestras bolas no son demasiado redondas.
-Eso no entraba en el trato, -dijo él- ese banco es mío.
El hombre intentó empujarle, pero el joven no lo permitió, así que lo echó con todas sus fuerzas y se sentó en su sitio.
Más hombres cayeron por la chimenea uno detrás de otro, cogieron nueve piernas humanas y dos calaveras y las dispusieron para jugar a los bolos. El joven también quería jugar: -Escuchadme, ¿Puedo jugar?
-Hey, -gritó el joven- falta la mitad. Con esto no es suficiente -entonces el alboroto comenzó de nuevo, se escucharon rugidos y gemidos y la otra mitad cayó también.
-Tranquilo, -dijo el joven- voy a avivarte el fuego.
Cuando había terminado y miró alrededor, las dos piezas se habían unido y un hombre espantoso estaba sentado en su sitio.
-No, -respondió- es inútil. Si alguien me lo pudiera explicar.
La segunda noche volvió al viejo castillo, se sentó junto al fuego y una vez más comenzó su cantinela: -Si pudiera tener miedo, si pudiera tener miedo...
A medianoche se escuchó alrededor un gran alboroto que parecía como si el castillo se viniera abajo. Al principio se escuchaba bajo, pero fue creciendo más y más. De repente todo quedó en silencio y al rato con un gran grito, medio hombre cayó por la chimenea justo delante de él.
El joven lo escuchó, se levantó, y dijo: -No es para tanto.
El rey estaba perplejo, pero muy feliz, y le preguntó cómo le había ido. -La verdad es que bastante bien -dijo-. Ya ha pasado una noche, las otras dos serán del mismo estilo.
Fue a ver al posadero, quien poniendo los ojos como platos dijo: -Nunca esperé volverte a ver con vida. ¿Ya has aprendido a tener miedo?
-Justo lo que necesitaba -dijo y se metió en ella. Justo cuando iba a cerrar los ojos la cama empezó a moverse por sí misma y le llevó por todo el castillo.
-Esto está muy bien, -dijo- pero ve más rápido -entonces la cama rodó como si seis caballos tiraran de ella, arriba y abajo, por umbrales y escaleras. Pero de repente giró sobre sí misma y cayó sobre él como una montaña. Lanzando al aire edredones y almohadas salió y dijo: -Hoy en día dejan conducir a cualquiera -luego se tumbó junto a su fuego ... (ver texto completo)
Fuera de aquí sabandijas -y comenzó a acuchillarlos. Algunos huyeron, mientras que los que mató los lanzó al foso. Entonces volvió y atizó las ascuas del fuego y entró en calor. Cuando terminó no podía mantener los ojos abiertos y le entró sueño. Miró a su alrededor y vio una enorme cama en un rincón.
-Después de veros los dedos, -dijo- se me han pasado las ganas de jugar a las cartas.
Luego los mató y los tiró fuera al agua. Pero cuando se había desecho de ellos e iba a sentarse junto al fuego, de cada agujero y esquina salieron gatos y perros negros con cadenas candentes, y siguieron saliendo hasta que no se pudo mover. Aullaban horriblemente, desparramaron el fuego y trataron de apagarlo. El joven los observó tranquilamente durante unos instantes, pero cuando se estaban pasando de la raya, ... (ver texto completo)
Los gatos sacaron las garras. - ¡Oh!, -dijo él- tenéis las uñas muy largas. Esperad que os las corto en un momento.
Entonces los cogió por el pescuezo los puso en la tabla para cortar y les ató las patas rápidamente.