Santi se escondió detrás de un coche y estuvo observando a los chicos. Se fueron calle arriba, subieron las escaleras y desaparecieron tras la puerta de la casa número 40. A Santi le parecía increíble que fueran tan atrevidos. Se acercó a la puerta de la casa y oyó a la pandilla riendo y cuchicheando mientras se dedicaban a explorar una sala. Luego se hizo un largo silencio. De pronto, Santi oyó un débil grito. Permaneció inmóvil sobre un montón de arena. Después vio a la pandilla bajar atropelladamente ... (ver texto completo)